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Editorial. LA CUESTIÓN CANDENTE DE LA UNIDAD

César Tovar de León 05:57 11 Comments



En esta edición especial LA BAGATELA dedica su editorial al asunto más relevante para la izquierda y los sectores no uribistas del país, con vistas a las elecciones presidenciales de 2022. El PTC contribuye así a la reflexión pública que de seguro ocupará el lugar central de los medios alternativos durante los meses venideros y hasta muy adentrado 2021. La Redacción

Asistimos a una polémica que recién comienza. Intensa y apasionada que, se comprenda o no, arrojará trascendentes repercusiones sobre el país e incluso sobre el curso mismo de su historia. Tiene lugar entre los distintos sectores democráticos y trata de cuál debe ser la actuación de estas frente al uribismo gobernante, en especial frente a las presidenciales de 2022.

Discusión pertinente y repleta de razones por la actual realidad colombiana, saturada de turbulencia, amenazas y violencia política contra exguerrilleros acogidos a los acuerdos de paz, líderes sociales y de la oposición, como sobre comunidades indígenas, afros y sobre los colombianos rasos. Mientras tanto, hay anuncios de un rebrote de la mortal pandemia, como de ruina nacional, desempleo y pobreza crecientes, que de continuar las cosas por donde van dan cabida a los peores presagios. Tan alarmante perspectiva, frente al proyecto que se desarrolla desde el gobierno, a quienes quieran un país mejor no les deja opción diferente a la de una resistencia civil que procure la unidad de las fuerzas democráticas y respalde un solo candidato presidencial para el 2022.

Amplísima unidad o veto y exclusión

Tan tersa conclusión, de sentido común, ha recibido desde algunos de los medios políticos democráticos resueltos respaldos o interpretaciones que la contrarían o la obstruyen. Como la de Iván Marulanda, que sin oponerse a la necesidad de juntar fuerzas, anuncia que primero se escogerá entre algunos sectores el candidato que compita con la candidatura de Gustavo Petro en primera vuelta y luego se apoyaría al que de los dos pase a la segunda. En tanto que Roy Barreras deja su militancia en uno de los partidos de la coalición de gobierno y se declara dispuesto a participar en un proceso de unidad sin vetos ni exclusiones. La propuesta de Humberto de La Calle abre la posibilidad del programa conjunto y el acuerdo sobre la escogencia de un candidato de toda la democracia. Alexander López, el aspirante presidencial del Polo Democrático, ha insistido en una amplia consulta con todos los aspirantes de los sectores democráticos.

En cambio, voces como las de los candidatos Sergio Fajardo y Jorge Robledo, establecen vetos y exclusiones a la sumatoria de fuerzas y se oponen a todo acuerdo para una consulta conjunta de los diversos sectores con el propósito de escoger un solo candidato de las filas democráticas para las presidenciales del final del presente cuatrienio. La contemplación de las ballenas y el voto en blanco fueron su elocuente precedente al respecto. Cabría esperar que no permanecieran indiferentes a la experiencia de 2018 ni a la ostensible necesidad de la más amplia unidad de fuerzas.

Tanto Fajardo como Robledo expresan o dan acogida tácita al argumento que se repite desde medios del establecimiento: Colombia ama “el centro” y repudia los extremos. Porque estos “polarizan”, se dice, y a quien polariza se le identifica de modo intencionado como promotor de la violencia. Con esta manera de ver las cosas, ya no aparece como promotor de acciones violentas sólo quien ha fomentado por doquier Convivires, y ha sido señalado por mil denuncias como responsable o partícipe de matanzas y falsos positivos. Ahora “polariza” quien denuncia los horrores en toda su dimensión y causas, y propone cambios de fondo en la estructura económica y social del país. Labor esta última que exige dedicación, valor e inteligencia, pero a quien la emprende se le pone junto a los autores de los crímenes denunciados. Una bonita manera de presentar los “extremos” como iguales; así, para que “por el medio” puedan desfilar Salomones.

Se confunde los efectos con la causa. La indignación de muchos colombianos por el asesinato de Javier Ordóñez a manos de efectivos de la Policía y la protesta a que dio lugar no es la causa de que el país se polarice, sino la consecuencia de la brutalidad policial con respaldo oficial, de la misma forma que el rechazo de los trabajadores al trabajo por horas no ocasiona el conflicto social motivado por la política antiobrera del gobierno sino su efecto. Tampoco es cierto que el país se polarice por la claridad y la contundencia en la denuncia contra el uribismo gobernante; reemplazarlas por la tibieza y la ambigüedad, solo conviene a los enemigos de la paz, de la vida y la salud y de la democracia. Más de medio país denuncia indignado atropellos e injusticias del uribismo de hoy y de ayer. Y han sido estas la causa real del fenómeno de la polarización, de que millones de personas denuncien, se movilicen y protesten contra el señor del Ubérrimo y contra quienes en su nombre gobiernan desde la Casa de Nariño. Por consiguiente, no hay objetividad sino falta a la verdad cuando se pone en el mismo plano a quienes promueven la violencia y las tropelías contra el pueblo y se les quiere confundir con quienes las denuncian.

El argumento de la preferencia del país por el centro, no dirige su filo contra la derecha sino de manera definida contra la izquierda. Con nombre y apellido, va dirigido contra Gustavo Petro. La cuestión es que el artificio, en últimas, en realidad no beneficiaría al mentado centro; al contribuir a la fragmentación de las fuerzas democráticas, le sirve a la ultraderecha colombiana.

La necesidad de concentrar la fuerza

El PTC coincide con numerosas voces y agrupaciones democráticas en que para vencer al uribismo gobernante aquellas han de concentrar sus fuerzas en una sola coalición, en un único frente, que escoja un candidato presidencial para el 2022 al que todos nos comprometamos a respaldar. Un frente que deberá constituirse sobre la base de un programa común, y escoger dicho candidato mediante una consulta en la que participen los aspirantes, sin vetos ni exclusiones, de todos los sectores que propugnen el cambio del injusto estado de cosas existente.

A menos que se crea que es mejor la actual dispersión que la unidad, y siendo hoy claro que el resultado de las presidenciales venideras está fuertemente condicionado por la necesidad de satisfacer la premisa elemental de concentrar toda la fuerza posible para ganarlas, las fuerzas democráticas enfrentan el problema de superar su desventajoso estado de fragmentación.

No resulta de fácil pronóstico una situación en la cual algunos de los sectores integrantes del conjunto de los agrupamientos democráticos, apuestan al triunfo empeñándose en no contar o excluir de tajo fuerzas no sólo de peso sino claramente decisivas en la actual contienda. Cuesta identificar cuál sea la ventaja, predicada por ciertos destacamentos políticos del bando de la democracia colombiana, para calcular que hoy pueda ganársele al uribismo en el poder sin el concurso de la formidable fuerza materializada en los más de 8 millones de colombianos que respaldaron la candidatura de Gustavo Petro en 2018. Expresan la objeción de que fueron muchos sectores los que posibilitaron alcanzar la elevada cifra de votantes ─la mayor obtenida por un candidato presidencial de izquierda en la historia del país─, pretendido reparo que no hace sino fortalecer la conclusión del enorme poder de arrastre político de Petro entre sectores distintos por la confianza suscitada por su liderazgo. Lejos de menguarse en el año de la gran emergencia y crisis de 2020, su influencia se consolidó en medio de tan compleja prueba. Las características personales del líder de Colombia Humana, sus limitaciones y defectos, no constituyen fundamento razonable ─no pueden serlo respecto de ningún líder realmente importante─ para descalificarlo y menos para descartar su papel en la actual crisis.

Los aspirantes a la presidencia que vetan o excluyen a Petro de antemano de la gran respuesta colectiva con que la democracia ha de responder a la tiranía uribista, tienen la obligación de plantear con claridad en qué basan su actitud. Seguir eludiendo con generalidades o frases ambiguas el debate público de asunto tan trascendente, o con el subterfugio de posponer su definición arguyendo que ya habrá tiempo para ello, como negarse a considerar la necesidad de ventilar a fondo una consulta en la que participen todos los aspirantes de sectores democráticos a la presidencia en el 2022, simplemente confirmaría una actitud soberbia que se apartaría de manera injustificable de la imprescindible deliberación pública democrática. Que, sin duda alguna, prestaría una ayuda objetiva a los enemigos de la paz, la democracia y el mejorestar del pueblo.

No hay motivo para suponer que una discusión pública franca y abierta por parte de los renuentes sobre tales cuestiones pueda no ser bienvenida por todos los sectores de la democracia.

Un programa común, vía para la más amplia unidad

Tres son los sectores que desde el punto de vista político y social pueden integrar las filas de un amplísimo bando unificado de la democracia en Colombia: la izquierda, el centro y algunos sectores del establecimiento, si bien en cada uno de ellos hay diferenciaciones que no deben perderse de vista.

Al interrogante de cómo establecer cuáles sectores tienen la disposición de sumar fuerzas en el gran frente o coalición que se necesita no parece que pueda dársele respuesta distinta a la de la invitación formal a llegar a acuerdos por la vía de concertar, punto por punto, un programa de lucha, de reivindicaciones y de gobierno, es decir, de las transformaciones a llevar a efecto para elevar el nivel de vida, la democracia y el desarrollo nacional, y del concurso de Colombia dentro de las tareas globales de la humanidad. Mientras cada sector escoge su propio candidato, el proceso de discusión sobre un programa conjunto y acerca del compromiso para efectuar una sola consulta, arrojaría un definitivo resultado sobre las reales posibilidades de la democracia colombiana, no sólo de subsistir sino de dar grandes pasos de avance.

El carácter antifascista del frente

A primera vista, el punto de mayor coincidencia y afinidad es la necesidad de enfrentar y derrotar la concentración del poder del Ejecutivo uribista y no permitir la subordinación ─consentida o impuesta─ o la liquidación del Legislativo y del Judicial (puesto que esto conlleva el aplastamiento de la democracia). En fin de cuentas, se trata tanto de las instituciones democrático-burguesas surgidas de la revolución francesa, como del conjunto de derechos, libertades públicas y garantías ciudadanas hasta hoy conquistados, todo lo cual se concreta en el Estado de derecho, en cuya defensa ─que no puede motejarse de “socialista” ni de “castrochavista”─ se presupone interesados a los sectores de izquierda y del centro y a los civilistas del establecimiento. Coincidencia muy positiva puesto que la implantación completa del proyecto uribista no es nada menos que el fascismo, y este consiste precisamente en la supresión de tales instituciones y principios, amenaza que constituye el mayor peligro de la democracia, como del interés popular y nacional. Por tanto, en cuanto apunta a la principal necesidad del momento y a la más factible coincidencia democrática, el carácter antifascista es lo sobresaliente de este frente único.

Si desde la izquierda y/o el centro y los sectores civilistas del establecimiento no se ve con claridad este peligro, o se le resta importancia, esto generaría actitudes que pueden entorpecer la unidad de las fuerzas democráticas. La más importante: no percibir que la urgencia del momento ─el aspecto principal de la situación─, superior a cualquier consideración, es enfrentar la amenaza fascista. La desunión democrática frente a las presidenciales del 2022 sería un fatal error, y si esta falta de unión se mantiene en el caso nada descartable de que la ultraderecha gobernante se decida por un golpe de Estado antes de dichas elecciones, padeceríamos una verdadera tragedia. Lo grave de la no comprensión del asunto radica en que si el uribismo completa la imposición de su proyecto al país antes de las presidenciales, y la democracia sigue desunida, todas las reivindicaciones democráticas y antineoliberales quedarían postergadas de modo indefinido puesto que entonces la preocupación del día sería la supervivencia física y política de los sectores democráticos y sus liderazgos. El llamamiento reciente de Gustavo Petro a la unidad aludiendo al parecido de la Alemania de 1933 con nuestra situación, se ubica en esa aleccionadora perspectiva.

Un programa antineoliberal con soluciones negociadas y de compromiso

Entendiendo que lo más importante en el mediano y largo plazo es el modelo económico y social que se busca reemplazar por uno nuevo y más justo, no puede ignorarse que los diferentes sectores sociales y sus voceros tienen ideas distintas sobre el modelo de sociedad más conveniente. Esta disparidad resulta el punto más polémico y de mayor dificultad en el proceso de lograr un programa común y un frente único. Lo cual no significa de ninguna manera que sea insalvable.

Aunque a primera vista lo que obstaculiza la búsqueda de la unificación de las fuerzas democráticas son las diferentes personalidades de los dirigentes y sus rivalidades, una mirada menos epidérmica, más detenida y profunda, puede revelarnos que, más allá de tal impresión inicial, las disparidades se dan realmente entre intereses sociales, de distintas clases y sectores de clase, expresados de modo inevitable a la hora de adoptar un programa común. Esta es la verdadera causa de las reticencias o del abierto rechazo de buena parte del centro y de los sectores civilistas del establecimiento a unir fuerzas con la izquierda. Diferencias de intereses que en principio no son ni tienen por qué derivar en irreconciliables y a cuya expresión conjunta puede y debe encontrársele una expresión de transacción y compromiso, razonable y satisfactoria. Pero es claro que si estas diferencias se manifiestan en el empeño de propiciar el miedo al “castrochavismo”─o al “chavismo oculto”, como dice ahora el expresidente Álvaro Uribe─ argumento que fue intensamente utilizado por el uribismo contra la izquierda en las pasadas elecciones presidenciales, desembocaríamos en la repetición del fallido resultado de 2018.

Habida cuenta de que estas diferencias son reales y que pueden presentarse en la adopción de un programa común ─puesto que inevitablemente implica cuestionar a fondo el modelo neoliberal─, existe el riesgo desde el centro o desde los sectores civilistas del establecimiento, como también ─aunque en menor grado─ desde la izquierda, de que se descarte persistir en la búsqueda del acuerdo que fructifique en la más amplia unidad política y social posible. En este punto Gustavo Petro ha planteado, con su ejemplo sobre el sistema de salud y una eventual negociación del vital asunto con el GEA ─el Grupo Empresarial Antioqueño─, una salida mixta, pública y privada, de compromiso razonable, donde la primera cubra la mayoría de la población.

En suma, el obstáculo principal en las filas democráticas al proceso de unificar todas las fuerzas, hoy lo encarnan las reticencias y la negativa abierta a unir efectivos con la izquierda. Es la malhadada persistencia en nuestros días, ya manifestada en ocasiones anteriores y en especial en 2018, de la tradición de Patria Boba de la lndependencia. Quienes se equivocaron en aquella ocasión histórica invocaban el federalismo como forma de organización de la naciente república, que habría sido aceptable tras tres siglos del despótico centralismo colonial en un país de regiones y siempre que estuviese en paz, pero no en medio de una guerra de emancipación nacional como la que se libraba, que requería un férreo centralismo republicano. Este fatal error provocó la división entre los patriotas y la absurda disputa abrió paso a la sangrienta reconquista del pacificador español Morillo. Aunque a deshoras, los equivocados de la original Patria Boba por lo menos levantaban una bandera democrática, la del federalismo norteamericano recién instaurado por la entonces joven república del norte. En la actualidad, los motivos invocados contra la unidad son inexcusables.

No puede pasarse por alto que el mayor peso en la posibilidad de transformación en la correlación general de fuerzas ─y por tanto en la unidad democrática─ lo tiene la reanudación de la rebelión social del 21 de noviembre de 2019 con gran vigor y extensión posibles, es decir, la masiva movilización callejera de los colombianos. Los demócratas consecuentes hemos de emplearnos a fondo en la tarea de revivirla y animarla, empezando por la resuelta participación en la gran protesta nacional del paro obrero y ciudadano de este 19 de noviembre. Entretanto, en la perspectiva de superar el bache, debe procurarse no antagonizar las diferencias, incrementar las consultas e intercambios y adelantar a fondo la imprescindible lucha ideológica y la persuasión unitaria. Sobre todo cuando la derrota de Trump y la victoria de Biden parecen haber enterrado la apuesta del gobierno uribista de Duque sobre el resultado de las elecciones en Estados Unidos, y despejado del horizonte uno de los nubarrones más oscuros: el eventual apoyo del agresivo inquilino de la Casa Blanca del cuatrienio que termina a un eventual golpe del uribismo gobernante al Estado de derecho en el país. Los vientos del Sur vuelven a soplar con fuerza en Bolivia y se revigorizan en Chile; logremos lo propio en Colombia.

Bogotá, 16 de noviembre de 2020

Del face de Yezid García

César Tovar de León 08:26 Add Comment


El Secretario General (e) del PTC, con su acostumbrada agudeza y excelente contenido político comenta los acontecimientos más destacados del transcurrir político nacional, mediante 47 cortos escritos aparecidos en el mes de septiembre, la mayoría de ellos publicados en su Facebook Yezid García Abello y otros en su Twitter @yezidgarciaa. Su lectura, que siempre resultará amena, orientará a los lectores en este laberinto de hechos intrincados y novedosos de la vida colombiana.
Por Yezid García Abello
Secretario (e) del Partido del Trabajo de Colombia (PTC)


La pandemia de Duque / 5 de noviembre 

Siempre he afirmado que el gobierno de Duque ha manejado muy mal la pandemia. Desde entregar a las EPS el manejo de pruebas y tratamientos, pasando por la indolencia frente a los trabajadores, desempleados, vulnerables y pequeños empresarios, hasta la apertura apresurada de la economía a un mes de haberse decretado la cuarentena. Y ahora, mientras la mayoría de los países del mundo, para tener un mínimo control en sus aeropuertos, exigen que cada viajero que llegue se haya practicado una prueba de PCR, al ministro de Salud, con respaldo de Duque, se le ocurre eliminar ese requisito. 

Claro, las aerolíneas celebran la medida, pero debe recordarse que el mundo está ante un peligroso rebrote de covid19 que demanda medidas extremas. Así le duela a Fenalco, si esto se desborda hay que regresar al confinamiento, como ya lo hizo Inglaterra o a los confinamientos sectoriales por determinados períodos como han hecho otros países. 

Biden va ganando / 5 de noviembre 

Aunque aun no han acabado las elecciones norteamericanas ya que falta contabilizar muchos votos, si las tendencias se mantienen como hasta ahora, medio día del miércoles, creo que apretadamente ganó Biden. En el voto directo la ventaja de Biden es más amplia. Por eso Trump vocifera sobre fraude, pide reconteo en Winconsin, incita disturbios y amenaza con demandas y las Cortes. Pataleo de ahogado, dicen en mi tierra. 

Lo increíble es que a semejante fascista, demente, derechista, mentiroso, agresor, enemigo de inmigrantes, homófobo, racista y antiambientalista, el candidato demócrata no lo haya arrasado electoralmente. Qué atraso político el de los súbditos del Imperio. 

Biden y Trump / 3 de noviembre 

Decir que "el remedio es peor que el mal", en referencia a un eventual triunfo de Biden sobre Trump, como lo afirman algunos representantes del nuevo partido Dignidad es, por decir lo menos, un desenfoque y una irresponsabilidad. Si gana Trump, para Colombia significa respaldo absoluto al "héroe" Ávaro Uribe y a su proyecto político fascista, aplicación a raja tabla de la política neoliberal, que Duque siga siendo el Caín de América y Colombia el rey de burlas de la Comunidad Internacional, que vuelvan trizas los acuerdos de paz, y el peligro cierto que nos metan en una absurda invasión a Venezuela. Ojo, compañeros dignos, una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa. 

Las masacres del 2020 / 31 de octubre 

Presidente Duque: con la de anoche en Mercaderes, Cauca, se llega a 70 masacres en lo corrido de 2020. Dos mujeres y un hombre, al parecer familiares de Álvaro Narváez Daza, líder comunal de la vereda El Vado, asesinado con su familia el 29 de abril, fueron muertos anoche por desconocidos en el mismo sitio donde asesinaron a Álvaro. Según Indepaz y la prensa nacional, en 2020 van 246 líderes sociales y defensores de derechos humanos y 51 reincorporados firmantes de los Acuerdos de Paz muertos violentamente. Además, 273 personas asesinadas en las masacres. 

¡No más indolencia suya y de su gobierno frente a semejante matazón de compatriotas, la mayor en el presente siglo! 

¡La muerte de líderes sociales hace parte de la ofensiva fascista en Colombia! 

Fallece Horacio Serpa Uribe / 1 de octubre 

El PTC une su voz a la de los demócratas y progresistas de Colombia y el mundo que lamentan el fallecimiento hoy del dirigente liberal Horacio Serpa Uribe. Mucha falta harán sus esfuerzos unitarios para poder conformar un frente común, elaborar un programa común y escoger un solo candidato o candidata de los sectores alternativos para enfrentar con éxito en 2022 las pretensiones reeleccionistas de la corriente política fascista. A doña Rosita de Serpa, a su familia, a sus amigos y a sus compañeros de lucha política nuestras más sentidas condolencias y nuestro abrazo. 

Hagamos nuestras algunas de las palabras de nuestro dirigente Marcelo Torres en la mañana de hoy: 

"Ha muerto Horacio Serpa, personaje controvertido de la política nacional. Tiene el gran valor de haber opuesto altiva resistencia al intento del imperio yanqui y una camarilla progringa de conspiradores para derrocar un gobierno colombiano. Eso merece un homenaje". 

“Me negarás tres veces” / 28 de octubre 

La historia ha mostrado que hay dirigentes de corrientes políticas, nuevas y progresivas, que algunos de sus discípulos niegan a las primeras dificultades que aparecen. No es sino recordar las tres veces que el apóstol Pedro, antes de que cantara el gallo, negó a su maestro, Jesús de Galilea, tres veces. 

El PTC es el partido político colombiano fundado por Francisco Mosquera Sánchez en los años sesenta, en medio de las más duras batallas políticas con los partidos tradicionales y con la extrema izquierda, que no aceptaba camino distinto a la lucha armada. 

Posteriormente, Mosquera fue el primero que desentrañó las graves consecuencias de la implantación del modelo económico, social y político neoliberal en Colombia y propuso la construcción de un amplio frente que defendiera la soberanía nacional y conquistara las transformaciones indispensables para que el país salga de su atraso secular y mejoren las condiciones de vida del pueblo. 

Hoy reafirmamos que, orgullosamente, la dirección, la militancia y los amigos del PTC nos reclamamos mosqueristas. Herederos de una organización, un legado teórico y una experiencia de lucha obrera y social que ha acumulado nuestro Partido en todos estos años. 

Seguiremos trabajando, desde nuestra posición política, por la unidad de los partidos, movimientos, fuerzas y dirigentes alternativos; sin sectarismo, ni vetos, ni exclusiones. Y por la construcción de un programa común que sea la plataforma para enfrentar el fascismo uribista en las elecciones presidenciales de 2022, y derrotarlo para bien de Colombia, su pueblo y el progreso. 

Intervención del gobierno en la campaña de Trump en EE.UU. / 28 de octubre 


Seamos claros. Más que demostrado está que funcionarios colombianos han estado interviniendo en la campaña presidencial de Trump en EE.UU. y se la han jugado, irresponsablemente para el país, por una candidatura de derecha y fascista con la cual coincide políticamente el gobierno de Duque. Tal ha sido el entusiasmo del uribismo en el poder con Trump, que hasta el embajador norteamericano en Colombia pidió públicamente que cesara esta anormal intervención. Detrás de todo, claro está, están los votos de los colombianos en la Florida, un estado cuya votación es clave para el candidato reeleccionista. 

Esta es una vieja costumbre del uribismo que representa tan bien el presidente Duque, quien lleva meses interviniendo, conspirando y haciendo planes de invasión a Venezuela, metiéndose en asuntos internos del hermano país que no son de su incumbencia. Así mismo, han atacado y calumniado a los gobiernos de Cuba, Argentina, México y Bolivia. 

Pero, así como los gringos protestan por la injerencia del gobierno colombiano en las elecciones en su país, debían dejar de intervenir en la política colombiana atacando el Acuerdo de Paz, exigiendo fumigación con glifosato, imponiendo la política económica neoliberal, Calumniando a dirigentes políticos de oposición, calificando de "héroe" a un colombiano investigado y detenido por delitos comunes como el soborno a testigos y el fraude procesal. Foto: La sra Blum y Pacho Santos negando que hablaron pestes de Carlos Holmes Trujillo. 

Solidaridad con la USO / 27 de octubre 

Cuando Uribe tuvo detención domiciliaria por la investigación penal que se le adelanta por fraude procesal y compra de testigos, no dejó de expresar sus apreciaciones sobre la situación nacional. Lo hizo a través de las redes sociales y en amañadas entrevistas que periodistas de su círculo cercano le hacían para que se defendiera de las acusaciones de la Corte. Sus partidarios, con todo derecho y todas las garantías, convocaron manifestaciones y caravanas, y en las principales ciudades del país el Centro Democrático elevó gigantescas vallas de respaldo al expresidente "secuestrado" por la justicia colombiana. Nadie protestó, ni los medios ni las oficinas de planeación de los municipios y, mucho menos, inspectores de policía. 

La Unión Sindical Obrera, USO, el sindicato de los trabajadores del petróleo, interpretando el clamor de los demócratas y, también con todo derecho, puso en una concurrida avenida de Barrancabermeja una modesta valla que reclamaba justicia frente a las actuaciones de Uribe. Allí sí fue Troya. Los uribistas, energúmenos, pidieron la demolición de la valla. Recurrieron a tutelas y reclamos ante los jueces, pero fracasaron en su ofensiva contra la libertad de expresión. Finalmente, más de un mes después de instalada, Planeación de Barranca ordena quitarla pretextando que "no tenía permiso de la Alcaldía". 

Estas líneas ilustrativas expresan mi solidaridad con la iniciativa de la USO, mi acuerdo con el contenido de la valla y con la libertad de opinión del pueblo barranqueño que los uribistas neofascistas quieren eliminar. 

Y mientras arbitrariamente la tumban, observémosla una vez más. 

El Washington Post y Trump / 26 de octubre 

Apartes del radical editorial de hoy de El Washington Post, en el cual se descalifica a Trump para ser reelecto como presidente de EE.UU. 

"Trump reemplaza el imperio de la ley con sus caprichos presidenciales, escogiendo a favoritos y torciendo el sistema criminal para favorecer a sus amigos. A un paso acelerado, está politizando, corrompiendo y desangrando la moral de nuestro gobierno, nuestro servicio diplomático, nuestras agencias científicas y de salud, los que mantienen las estadísticas. Muchos dudarán a la hora de invertir, de construir nuevas empresas y crear nuevos empleos si nuestras leyes y gobierno se vuelven impredecibles y favorecen a los corruptos mientras castiga a los desfavorecidos" 

"El presidente desdeña cualquier movimiento que apunta a la igualdad y antes favorece a los supremacistas blancos. Ha nombrado a 56 personas a los puestos más altos en las cortes del país y ninguno de ellos es una persona de color. 

"En la América de Trump, a la ciencia y la verdad se le mira con reserva. Su desastrosa respuesta al coronavirus ha costado más vidas que en cualquier otro país y la recesión causada por la pandemia nos acompañará en un segundo período. 

Su desprecio por la ciencia ha sido el centro de su fracaso frente al cambio climático: la tierra sufre y el daño de cuatro años más de regresión con Trump podrían ser irreparables". 

"En el EE. UU. que quiere el presidente, los rivales políticos son traidores que deben ser encarcelados, el rol del Congreso como veedor del ejecutivo es uno que debe ser ignorado y hasta suprimido, y la prensa que le hace escrutinio se le trata como el enemigo del pueblo." 

Salvatore Mancuso / 25 de octubre 

Muy graves las declaraciones de Salvatore Mancuso ante la Sala de Justicia y Paz de Barranquilla. Con sinceridad, se declaró ante la magistrada Cecilia Olivella, "hijo legítimo del paramilitarismo del Estado colombiano", ratificó su vieja acusación al ex vicepresidente y actual embajador de Colombia en E.U. Francisco Santos, de pedir la conformación de grupos de autodefensas en Bogotá. Volvió a hablar de los congresistas que lo invitaron a visitar e intervenir en el parlamento colombiano, del cual los paramilitares ayudaron a elegir el 35%, se quejó que cada declaración le implica más y más complicaciones jurídicas para tratar de impedir que hable. Pero más grave aún que la magistrada Olivella ya sufrió amenazas contra su vida si seguía haciendo preguntas "imprudentes" a Mancuso. 

¿Cuándo se pronunciará de fondo el locuaz embajador en Washington, Francisco Santos, sobre estas reiteradas acusaciones? 

¡A la calle el miércoles 21 de octubre! 

A 11 meses del histórico movimiento de protesta contra el neoliberalismo y el gobierno de Duque, el Comité Nacional de Paro vuelve a convocar a los colombianos a una gran protesta y al paro en los principales centros productivos y establecimientos educativos. Justa y oportuna convocatoria que ha ganado el respaldo popular, de la Minga Indígena y de centenares de organizaciones sindicales, sociales, campesinas y comunales. Movilización Ciudadana que aplicará todos los protocolos de bioseguridad para proteger a los participantes, en contraste con las irresponsables convocatorias a las locas compras de los días sin IVA o a las caravanas del CD defendiendo al expresidente preso. 

Por la vida, en peligro para los dirigentes sociales, los indígenas, los campesinos, los reincorporados. Por la paz, en peligro por el incumplimiento de los acuerdos por parte del gobierno de Duque y el uribismo, por la agresión y descalificación de la JEP y la Comisión de la Verdad, en rechazo al torvo objetivo de "volver trizas los acuerdos de paz". Por la democracia y la supervivencia del Estado de derecho, amenazados por la embestida fascista desde los altos cargos del poder. 

Y por los derechos de los trabajadores, amenazados por el neoliberalismo oficial y empresarial. Por la implementación de la renta básica y subsidios para la mipymes, verdaderas generadoras de empleo. Porque los costos de la crisis económica derivada de la pandemia la paguen los banqueros y grandes empresarios, no los pobres ni los trabajadores. 

La miga y los comerciantes / 15 de octubre 

Huele a doble moral el llamado de Fenalco y los gremios económicos a los indígenas para que suspendan la Minga y no vengan a Bogotá por el peligro de contagio con el Covid19. Esa preocupación no se les vio en los días sin IVA, ni cuando exigieron la reapertura total de la economía, ni cuando criticaron a la alcaldesa de Bogotá por tomar precauciones y exigir protocolos. ¿Será que la gente sólo se contagia, según Duque y los Gremios, en las movilizaciones de protesta, así cumplan con todas las normas sanitarias? Si Fenalco está preocupado por el crecimiento de los contagios, ¿por qué no le reclama a Duque su negativa arrogante de viajar a Cali a reunirse con los indígenas? ¿Eso sí no le parece irresponsable? Las cifras no mienten, Colombia sigue como uno de los países del mundo con mayor número de contagios, y ello no se debe precisamente a la protesta social. 

La pobreza y Duque / 14 de octubre 


El presidente Duque se posesionó el 7 de agosto de 2018, su política central fue la de poner el retrovisor sobre el gobierno anterior y endilgarle la culpa de todos los males que afectan al pueblo colombiano. Luego, le cayó del cielo la pandemia para justificar la debacle económica con sus efectos sobre el consumo, el desempleo y la pobreza. Pero, como dicen los entendidos, las cifras son las cifras y hasta las que publica el DANE contradicen las afirmaciones de Duque y Carrasquilla. Entre 2019 y 2018 la pobreza monetaria creció de 34,7% a 35,7%, la pobreza extrema de 8,2% a 9,6% y el índice de desigualdad o coeficiente Gini creció de 0,517 a 0,526. 

Esas cifras significan que, antes del Covid19, el 2019 terminó con 661.899 nuevas personas pobres, y 728.985 nuevas personas en pobreza extrema. Y eso que para el DANE quién tenga ingresos mínimos de $327.674 ya no es pobre y quien reciba $137.350 no hace parte de la pobreza extrema. ¿Porqué Duque no hablará de estos temas en su programa televisivo diario de las 6 pm? 

Iván Duque y la Minga / 14 de octubre 

¿Quién se cree Iván Duque, el peor presidente de la historia de Colombia, para no viajar a Cali y escuchar los reclamos y peticiones de la Minga? Esa Minga representa pueblos indígenas sometidos a la barbarie de masacres y asesinatos de sus dirigentes. ¿Acaso no es su deber? Pero el irresponsable prefiere que 10.000 personas caminen de Cali a Bogotá, en una penosa y peligrosa travesía, y no tomar el avión presidencial en un vuelo de 25 minutos. Si fuera para reunirse con Trump estaría horas haciendo antesala en la Casa Blanca, como buen lacayo del Imperio. No hay derecho a semejante desprecio por los pueblos ancestrales.

Editorial. Derrotado Trump. Implicaciones de las elecciones en Estados Unidos

César Tovar de León 13:36 1 Comment

Luego de una semana de suspenso, las principales agencias noticiosas de Estados Unidos y el mundo han registrado, según el conteo de casi la totalidad de los votos, al candidato del partido Demócrata, Joe Biden, como triunfador frente a su contrincante del partido Republicano, Donald Trump y, por tanto, como el próximo presidente estadounidense. Trump intentará lograr que la Corte Suprema, en la cual los republicanos cuentan con mayoría, ventile y decida sobre si se cuentan o no los votos enviados por correo pese a que varios Estados mantienen la práctica como legalmente vigente y efectúan su conteo hasta después de entre 3 y 10 días siguientes a la elección. Por fortuna, el resultado de las elecciones estadounidenses marca un rumbo positivo de trascendencia mundial y en particular para Colombia. En una palabra, la derrota de Trump recibe una celebración, unánime y alborozada de los demócratas en todos los confines de la Tierra y en especial en América Latina.

Victoria de Biden con amplia ventaja

Luego de una semana de suspenso, las principales agencias noticiosas de Estados Unidos y el mundo han registrado, según el conteo de casi la totalidad de los votos, al candidato del partido Demócrata, Joe Biden, como triunfador frente a su contrincante del partido Republicano, Donald Trump y, por tanto, como el próximo presidente estadounidense. Luego de que alcanzara una creciente ventaja en el conteo de Pensilvania, pudo agregarse los 20 votos electorales de este Estado, con lo cual sobrepasó los 270 que constituyen la mayoría en el Colegio Electoral mientras que a Trump le faltaron más de 50. AP y NBC News proclamaron entonces a Biden “ganador proyectado”. En cuanto a los votos populares, la ventaja del primero sobre el segundo alcanzó desde el 4 de noviembre casi cuatro millones de papeletas.

Los Estados con la mayor cantidad de delegados desde un comienzo dieron ganador a Biden ‒California, y Nueva York‒, por lo que la posibilidad de variación de la magnitud en la cuenta final era bastante baja. En California, la ventaja de Biden fue superior en casi cuatro millones de votos, mientras que en Texas y Florida la de Trump es de apenas medio millón en cada uno. El Estado de Nueva York, donde Biden sacó dos terceras partes de la votación, es otro ejemplo incontestable de que el grueso de la población está a favor de Biden. Biden ya recibió más de 74 millones de votos, la mayor cantidad en la historia norteamericana. Asegurando victorias en los Estados clave de Wisconsin y Michigan, la definición final de batalla por la presidencia llegó con los restantes resultados en Pennsylvania, Georgia, Nevada, Arizona y Carolina del Norte. En los 4 primeros se impone Biden y, en Carolina del Norte, Trump. Así las cuentas, era prácticamente imposible otro resultado definitivo. Joe Biden, al finalizar la crítica semana había asumido públicamente su triunfo.

Como se ha informado reiteradamente, la votación final está en manos del Colegio Electoral, institución que refleja el balance de fuerzas concurrentes a la conformación nacional de Estados Unidos en el siglo XIX, valga decir entre el norte en proceso de industrializarse y el sur agrícola y esclavista. Es por eso por lo que Estados pequeños tienen un peso específico proporcional mayor al que tienen otros Estados más grandes, pues fue el acuerdo para mantenerlos en la federación que se fue concretando en las décadas posteriores a la Independencia.

En cuanto al Senado, la pelea está muy pareja, y si los demócratas se alzaran con uno o dos asientos, igualarían a los republicanos, aunque por lo pronto estos conservan la mayoría. Debe tenerse en cuenta que, en caso de empate entre los cien votantes en esta corporación, con la victoria de Biden, la vicepresidenta, Kamala Harris, será quien desempatará. El control del Senado resulta importante en la designación de varios altos cargos clave, como los jueces de la Corte Suprema.

La Cámara de Representantes seguirá teniendo mayoría demócrata, como ha sido durante los últimos cincuenta años, termómetro del mayor respaldo popular que tiene ese partido sobre el republicano pues acá la elección es por voto directo y número de habitantes.

No obstante el margen con el que ganó Biden, la campaña de Trump intentará ganar las elecciones por varias vías: con muy evidentes falsas informaciones, insólitas exigencias, e interponiendo en los tribunales demandas para anular millones de votos demócratas que llegaron a través del correo. Lo manifestaron las estentóreas exclamaciones sin fundamento de Trump, asegurando que ya había ganado, que las papeletas recibidas después del día de las elecciones “no se contarán”, que les estaban “robando” la elección, y su twit “¡Alto al conteo!”.

Trump intentará lograr que la Corte Suprema, en la cual los republicanos cuentan con mayoría, ventile y decida sobre si se cuentan o no los votos enviados por correo pese a que varios Estados mantienen la práctica como legalmente vigente y efectúan su conteo hasta después de entre 3 y 10 días siguientes a la elección. En la mañana del sábado 7 de noviembre se supo que uno de los jueces republicanos de la Corte Suprema de Justicia ordenó que los votos que llegaron por correo en el crucial estado de Pensilvania se cuenten por aparte del resto.

Fue muy difundida la afirmación de Trump sobre lo fraudulento de los votos por correo, y su anuncio de que si por ello resultaba alterado el resultado electoral, no los aceptaría. Mucho se ha especulado sobre la eventual opción de última instancia a la que podría recurrir Trump para no desocupar la Casa Blanca: una negativa, envuelta en razones pseudolegales, a entregar el mando a su sucesor. Tamaña eventualidad, que constituiría un verdadero de golpe de Estado de Trump en cualquiera de sus variantes, por ejemplo, llamando a la insubordinación de los grupos ultraderechistas, intimidando a los ganadores para que no puedan concretar el triunfo, o mediante órdenes directas al Ejército o a la Guardia Nacional para que respalden su negativa a entregar el poder. Entre todas las bravuconadas de Trump, esta última es la única que no ha esgrimido, lo que indica que no contaría con el respaldo de las fuerzas armadas en su intentona.

La candente eventualidad podría parecer a muchos un asunto de ciencia ficción en un país que se precia de tener la más sólida institucionalidad, pero hoy la fractura y los antagonismos estremecen la sociedad norteamericana de modo muy ostensible. Es muy significativo que la expresión “guerra civil”, con referencia a Estados Unidos, haya aparecido con inusitada frecuencia en los medios de todo el mundo por estos días. Dado el indudable juego y forcejeo entre los intereses más poderosos del mundo, el de las más grandes multinacionales integrantes del complejo militar-industrial y de alta tecnología respecto de la estrategia global de Estados Unidos, y de que como ha sido puesto en evidencia por los mil y pico de libros publicados con graves denuncias sobre las ejecutorias y trayectoria de Trump, amén de sus declaraciones sobre no aceptación de resultado “fraudulento” o “robo” de las elecciones presidenciales, la eventualidad de una negativa a la entrega del poder a su sucesor adquirió verosimilitud. Por fortuna, el rotundo pronunciamiento del pueblo estadounidense contra la reelección de Trump ha inclinado la balanza de forma terminante saliéndole al paso de los proyectos e intrigas del trumpismo.

Derrota de Trump: Norteamérica y el mundo respiran aliviados

El triunfo de Biden en las elecciones dará un respiro al planeta, a las fuerzas democráticas y revolucionarias, para alistarse para las próximas batallas entre el gran capital financiero y monopolista y las fuerzas del trabajo. Por el contrario, una victoria de Trump habría significado un espaldarazo a las posiciones de extrema derecha que han venido generalizándose en el planeta, acentuando aún más los protuberantes rasgos fascistas en lo corrido del siglo, desde el 2001 con el atentado contra las Torres Gemelas.

El gobierno de Trump acentuó esa tendencia fascista que se expresa en la concentración del poder en manos del presidente, que ha puesto al Congreso y a la Corte Suprema de Justicia al servicio de sus intereses y que, paralelamente, ha dado zarpazos al poder de gobernadores y alcaldes como se ha visto en el manejo de la pandemia. El sesgo fuertemente racista de su política migratoria, y de discriminación de los migrantes de los pueblos más pobres y atrasados, como su propuesta del muro divisorio en la frontera con México, había indignado los medios democráticos de todas las latitudes. De igual forma, la práctica cotidiana de apoyo a los supremacistas blancos y la violación de los derechos ciudadanos, ante todo el derecho a la protesta, reprimido ferozmente por un cuerpo policivo sin dios ni ley, lo mismo que el recorte a la libertad de expresión al descalificar a los periodistas y medios que no le son afectos. Los preparativos para agredir militarmente a Venezuela, como los acuerdos con Israel para rematar la política de despojo de los territorios de los palestinos

Estas y otras ejecutorias similares evidencian el creciente fascismo en Estados Unidos, que reelegido Trump habría adquirido proporciones más alarmantes y arrasadoras.

El efecto mundial también habría sido catastrófico. El mantenimiento del abandono del Acuerdo climático de Paris por Estados Unidos lesiona el interés de la humanidad y la vida entera del planeta. Por cuenta del respaldo de Trump, una banda de gobernantes de similar talante ultraderechista se ha venido instalando en el mundo y actuando a sus anchas, como Bolsonaro en Brasil, el uribismo en Colombia y personajes como Almagro en la OEA, al tiempo que alentaba las corrientes neofascistas de Europa.

Pero, de otra parte, si las contradicciones en la esfera económica que llevaron a la presidencia a Trump, en los cuatro años que están por terminar no se resolvieron por las ejecutorias del que abandonará la Casa Blanca, tampoco es de esperar que sean resueltas por el nuevo inquilino. La llegada de los demócratas a la presidencia de Estados Unidos con Joe Biden a la cabeza no significará, ni muchos menos, que se desdibuje o que se aminore la característica esencial de este país en el último siglo: el imperialismo. A través del poderoso engranaje encabezado por el capital financiero seguirá saqueando al planeta, en particular a los países atrasados. Pero para decirlo con todas sus letras, cada vez es más claro que al pueblo norteamericano como a los trabajadores y a miles de millones de gente corriente en el planeta no les resultaba indiferente, ni mucho menos, que la forma de esta dominación siguiera deslizándose del democratismo liberal a las más brutales de tinte fascista como habría sucedido de resultar reelegido Trump. La derrota de Trump y la victoria de Biden significan un buen suceso para las condiciones de la continuidad de la lucha democrática en el mundo entero. Disipan o por lo menos debilitan en el actual momento la inminencia del peligro fascista, permiten que no empeoren las condiciones para que prosiga la batalla general de las fuerzas progresivas del mundo contra el neoliberalismo y que su filo se concentre en detener y derrotar la funesta tendencia.

Trump constituye la culminación del fracaso neoliberal, el del modelo que reemplazó al manejo keynesiano de la economía capitalista. Durante las 5 décadas de la etapa keynesiana el capitalismo había experimentado un relativo control, al menos parcialmente, de sus recurrentes grandes crisis económicas y sociales, un paréntesis que le dio oxígeno para casi todo el resto del siglo XX. La adopción de la teoría de Keynes por el mundo capitalista fue, primero, una respuesta ante la irrupción del socialismo a comienzos de siglo XX como nuevo régimen social, y luego, parte de la estrategia norteamericana de contención en la contienda de las dos superpotencias, Estados Unidos y la Unión Soviética, por su dominio sobre el mundo.

Pero el relativo mejoramiento del nivel de vida de sectores enteros de la clase trabajadora en los países centrales, el incremento del impuesto a la riqueza y a las herencias, terminó por considerarse un costo económico inadmisible e intolerable para el mismo gran capital. Sus mandamases en el mundo resolvieron ponerle punto final al keynesianismo desde mediados de la década del 70, echar mano de la doctrina económica enmohecida en la Escuela de Chicago cuya ferocidad y salvajismo contra trabajadores y necesidades sociales haría palidecer aquella que imperó durante las épocas tempranas del capitalismo. De nuevo subió la intensidad y los dolorosos efectos de las crisis económicas, cada vez mayores desde los años 80, de alcance global como la de 2008, y ahora con la complicación súbita y planetaria como la actual pandemia, cuyas raíces se ubican en el mismo desbarajuste ambiental generado por el cambio climático acelerado por el modelo económico neoliberal.

Trump, que no agregó nada al recetario neoliberal pero agravó más sus antisociales aristas en el interior de Estados Unidos, como exponente de la vieja derecha norteamericana portadora de sus más regresivas tradiciones, exacerbó hasta el estallido social las desigualdades sociales y racistas, entorpeció con sus medidas proteccionistas el globalismo comercial de las transnacionales gringas, e irritó el generalato estadounidense, un componente esencial del complejo militar-industrial y de alta tecnología con sus intromisiones en la estrategia global estadounidense. Todo ello sin hablar del manejo desastroso de la pandemia, responsable principal de la muerte de dos centenares de miles de vidas, cuya cuenta de cobro en las presidenciales del 3 de noviembre le pasó el grueso del pueblo norteamericano. Aunque ciertamente no fuese el tinte fascista de la administración Trump lo que disgustara al capital financiero estadounidense, sí lo fue el aumento del riesgo interno al ponerse al rojo vivo el descontento social y las justas reclamaciones catalizadas por el extremismo errático y las extravagancias de su titular.

En el escenario internacional, los aliados europeos miran con recelo la política económica gringa, y el crecimiento de China es inatajable. Pero un eventual gobierno de Biden no podrá renunciar del todo al proteccionismo que impulsó Trump, cuidando que las cadenas globales de producción vitales se mantengan. Así que las líneas gruesas de la política exterior de Estados Unidos, trazadas por sus monopolios imperiales, no cambiarán, sino que seguirán ahondándose.

La llegada de Biden a la presidencia y el control demócrata sobre la Cámara y, quizá, en el Senado, no cambiarán las tendencias básicas del imperialismo y el capitalismo, pero podrían poner un rumbo menos antidemocrático y acaso controlar o desacelerar la actual deriva resueltamente fascistoide de la decadente potencia. Puede que las promesas de campaña se cumplan o no, pero es evidente el esfuerzo de las propuestas de Biden por expresar algunas de las reivindicaciones sociales que han tenido reciente y airada expresión en Estados Unidos. Para sus nacionales significa retomar la senda social de Obama: en salud, extender el Obamacare, es decir, el seguro médico para todos los estadounidenses; en educación, el acceso universal con educación pública gratuita parta quienes no puedan costearla; en cuanto al salario mínimo, aumentarlo a 15 dólares hora (hoy está en siete); respecto a la energía limpia ofrece dos billones de dólares en inversión y el control sobre las emisiones de las plantas de energía; para enfrentar el covid-19 anuncia pruebas y atención medica gratuitos para todos los ciudadanos. Finalmente, para enfrentar el racismo anuncia invertir en capacitación a la policía sobre los derechos ciudadanos de los negros y las minorías. Nada de eso, por supuesto, es el “socialismo” vociferado por la ultraderecha trumpiana, simplemente una aproximación al básico promedio de la democracia burguesa.

En la arena mundial, la administración Biden implica la posibilidad de enfrentar dentro de un ambiente menos peligroso ‒para la vida de los movimientos demócratas y sus líderes‒, peleas mundiales como la ambientalista, la de atacar el trabajo esclavo y de niños, regionales como la no intervención de la OEA en los asuntos de los países miembros, y las nacionales como el respaldo al reconocimiento pleno de Palestina como Estado y la devolución de los territorios ocupados por Israel. Y claro está, mayor resonancia de denuncias y vigilancia internacional a la política del gobierno de Colombia para sabotear los acuerdos de paz.

Trump empeoró todo, desestabilizó a Estados Unidos y agudizó el choque social

La presidencia de Trump fue el intento, al mejor estilo del viejo Oeste, desalmado pero armado, de contrarrestar la debacle, pero la reacción explosiva del grueso de la población demuestra no sólo que el asunto no funcionó, sino que empuja con celeridad al desequilibrio del régimen. Por lo demás, debe subrayarse que los superbillonarios gringos también le apostaron a Trump en 2016, pero la fracción principal de ellos le retiró el respaldo en las elecciones que marcan el triunfo de Biden, como lo muestran las estadísticas de los aportes a las dos campañas, siendo la de Biden la que mayor arrastre logró, un 60% de esa lista, según informó la publicación financiera Forbes. Es decir, que a un sector de los potentados gringos finalmente les pareció muy arriesgado el pandillero estilo de Trump, al igual que sus fallidos movimientos proteccionistas y por el retorno de las inversiones de las multinacionales a la industria norteamericana en su propio territorio. Simplemente, Estados Unidos ya no tiene la potencia económica para soportar las represalias aduaneras del mundo a sus exportaciones ni mucho menos tienen intención las grandes corporaciones de renunciar a la muchísima más barata mano de obra de los países de la periferia.

Los problemas de Estados Unidos están ahí, pero agravados por los sucesos de los últimos años bajo Trump, y ponen al país en un mal primer lugar de indicadores clave. Como el oxidado engranaje industrial gringo empeorado por una ineficiente infraestructura, la miseria en que vive no menos de un séptimo de los habitantes, el creciente descontento cuyo enfrentamiento feroz no solo ha hecho aumentar las luchas en las calles sino el repudio entre los sectores de la élite intelectual de costa a costa, los desastres medioambientales que no dan tregua en ninguna de las cuatro estaciones, y el racismo, que sigue acrecentándose sin que efectivamente se tomen o propongan medidas para enfrentarlo ni por los demócratas ni por los republicanos.

Desde el punto de vista social, la fractura entre diversos sectores adquirió una dinámica que difícilmente Biden podrá apenas morigerar, como por ejemplo el supremacismo blanco y la xenofobia que a lo sumo volverán a reducirse a sus viejas guaridas en el sur y el medio oeste. Pero no será de poca significación refrenar, en lugar de darle rienda suelta, al desbordamiento de las más regresivas tradiciones de la vieja Norteamérica.

Con Trump, también pierde el uribismo gobernante

En Colombia, la apuesta de Álvaro Uribe, del Centro Democrático y del gobierno Duque a la reelección de Trump evidenció el peor propósito del círculo ultraderechista gobernante: buscar el apoyo de la modalidad más regresiva del imperio para llevar a cabo la completa realización de su proyecto a cambio de proseguir su papel apátrida de peón más dócil de la política gringa en América Latina y, en especial, de secundar la aventura de la agresión militar a Venezuela con Colombia como carne de cañón. Mientras, por una parte, se ahondarían los aspectos más aberrantes del modelo neoliberal, antiobrero, privatizador y antisocial, de otro lado, sería total el desmantelamiento del proceso de paz, el arrasamiento definitivo del Estado de derecho y la generalización de la violencia, las masacres y los atentados contra la oposición, la protesta social y toda expresión crítica e independiente.

A la cadena de fiascos del gobierno de Duque y del uribismo se suma ahora la derrota electoral de Trump. En su papel de pajecillo del imperio, extremado su servilismo hasta lo grotesco, se ganó el regaño de su superior en Colombia, el embajador norteamericano, quien rechazó la obsecuencia uribista como indeseada intrusión. Aun así, el gobierno colombiano se esforzó por contribuir al sartal de improperios de la campaña trumpista contra Biden aportando el “argumento” de que este encarnaba el nuevo “castrochavismo” porque al igual que “su amigo Petro” era “socialista”, y promovió reuniones entre colombianos y latinoamericanos de Miami con el mismo propósito. Con posterioridad a la victoria de Biden, la declaración del expresidente Álvaro Uribe se constituye en demostración palmaria de la diferencia entre el gobierno del presidente electo y Trump: le reclama al gobierno de Obama, y a su entonces vicepresidente Biden, su falta apoyo al no del uribismo contra la paz expresado en el plebiscito. Con el rabo entre las piernas, ahora el gobierno uribista congratula al nuevo presidente estadounidense y asegura que jamás intentó acción alguna contra su candidatura.

Por fortuna, el resultado de las elecciones estadounidenses marca un rumbo positivo de trascendencia mundial y en particular para Colombia. En una palabra, la derrota de Trump recibe una celebración, unánime y alborozada de los demócratas en todos los confines de la Tierra y en especial en América Latina.

Bogotá, 11 de noviembre de 2020

El paro nacional del 21 de octubre. Unidad social, preludio de unidad política

César Tovar de León 13:33 Add Comment

 



El acierto y amplitud, no solo de las exigencias sino del tratamiento entre todos los sectores sociales que confluyen en la protesta social, determinó el éxito rotundo del 21 de octubre. Pero hubo dos en particular, próximas y ejemplares, la Minga indígena desplazada desde el Cauca a Bogotá, que dio una demostración de movilización pacífica y masiva por la defensa de la vida y el territorio ante la indiferencia del presidente Duque y que colmó la Plaza de Bolívar el lunes 19 y el paro nacional de Fecode de 48 horas (20 y 21 de octubre) por el respeto a los acuerdos y las reiteradas amenazas contra su dirigencia. Ni la estigmatización oficial de la protesta ciudadana, ni las amenazas desembozadas y veladas, ni la incomprensión detendrán la inconformidad. Por eso el Comité Nacional de Paro anunció la realización de otra jornada general el próximo 19 de noviembre.

Por Miguel Ángel Delgado Rivera
Comité de Redacción de La Bagatela

Con una fuerte movilización nacional convocada por el Comité Nacional de Paro, el 21 de octubre la protesta social volvió a recuperar la calle, después de siete meses de truncado el creciente descontento popular iniciado el 21 de noviembre del año pasado, por los efectos de la calamidad sanitaria mundial, que implica no solo el aislamiento social, sino cifras de contagio y muerte escalofriantes, que hoy colocan a Colombia en la no deseable escala de octava nación en el mundo en superar el millón de contagios y la número once en muertes (1).

¿A qué se debe entonces que la retoma de la movilización popular haya alcanzado una dimensión inesperada, teniendo en cuenta factores negativos pero obvios, como el temor al contagio de la enfermedad en boga y la preocupación de la población por conseguir o mantener sus fuentes de ingreso, en medio de la crisis económica desencadenada por la pandemia y el mal manejo dado por el gobierno para solventar el padecimiento de la absoluta mayoría de colombianos?

La respuesta, sin duda, radica precisamente en el desempeño de la administración del presidente Duque, iluminada por el Centro Democrático y la llamada coalición de gobierno.

No amainan los asesinatos de líderes sociales y reinsertados a la vida civil. Las cifras por el contrario son crecientes y desalentadoras ante la impavidez oficial y su accionar contra los acuerdos de paz, al punto que los miembros del Consejo de Seguridad de la ONU se pronunciaron de manera oficial este 20 de octubre condenando “enérgicamente los múltiples asesinatos ocurridos en los últimos meses, incluyendo el de jóvenes y menores de edad”, respaldaron “la labor que ha desarrollado el Sistema Integral de Verdad, Justicia, Reparación y No Repetición que está integrado por la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP), la Comisión de la Verdad y la Unidad de Búsqueda de Personas Dadas por Desaparecidas”, llamaron a implementar “de manera urgente un plan de acción del Programa Integral de Garantías para Mujeres Lideresas y Defensoras de Derechos Humanos” para terminar destacando “la importancia de implementar todos los aspectos del Acuerdo Final de Paz, incluyendo la reforma rural, la participación política, la lucha contra las drogas ilícitas, incluyendo los programas de sustitución de cultivos, y la justicia transicional”. A buen entendedor…

La maniobra desatada en el Congreso por las mayorías gobiernistas para cercenar de tajo los derechos de la oposición al control político frente a la presencia de tropas norteamericanas y la aprobación a rajatabla de cuanto proyecto de ley presenta el Ejecutivo, la toma de los entes de control y el sistema acusatorio, el inminente asalto al Emisor y la constante amenaza y desprestigio contra las altas cortes, configuran los elementos esenciales para instaurar un régimen de corte fascista.

La “filtración” de una nueva reforma impositiva cuyo núcleo será la elevación del IVA a la totalidad de productos de la canasta familiar, las anunciadas reforma laboral y pensional al tenor de un piso exiguo de seguridad social, la desaparición de los beneficios prestacionales, el trabajo por horas que afectarán sobremanera a las jóvenes generaciones, la persistente obsecuencia ante los poderosos gremios económicos y empresas multinacionales, lo cual contrasta con la evidente desprotección a los productores nacionales del campo y la ciudad, y el desdén con los trabajadores, las comunidades originarias y raizales, configuran el aciago cuadro de la política social y económica de este gobierno.

Por paz, democracia y negociación del Pliego de Emergencia es la respuesta que el Comité Nacional de Paro levantó ante este desastroso panorama. A fe que acertó. Esta consigna recoge a plenitud las quejas de las masas desprotegidas del país y logró unir, en un haz de voluntades, todas las esperanzas maltratadas. Como bien lo anotó Francisco Mosquera, de quien nunca renegaremos, unir en un solo pleito todos los pleitos nacionales, retomó vigencia.

Este acierto y amplitud, no solo de las exigencias sino del tratamiento entre todos los sectores sociales que confluyen en la protesta social, determinó el éxito rotundo del 21 de octubre. Hubo antecedentes nacionales e internacionales que allanaron el camino en mayor o menor grado. Las caravanas vehiculares de agosto y septiembre. La resistencia de los trabajadores de la salud por condiciones laborales y de bioseguridad. La ira popular desatada por el asesinato del abogado Javier Ordoñez en Bogotá. Los fallos de la justica sobre protección a la protesta social. Las gigantescas marchas antirracistas en EE. UU., el triunfo fe la democracia en Bolivia. Pero hubo dos en particular, próximas y ejemplares, la Minga indígena desplazada desde el Cauca a Bogotá, que dio una demostración de movilización pacífica y masiva por la defensa de la vida y el territorio ante la indiferencia del presidente Duque y que colmó la Plaza de Bolívar el lunes 19 y el paro nacional de Fecode de 48 horas (20 y 21 de octubre) por el respeto a los acuerdos y las reiteradas amenazas contra su dirigencia.

Otro elemento que resulta fundamental y que contribuyó en buena medida al excelente balance de la demostración de inconformidad de esta jornada y que esta vez tomó importante relevancia, en la medida que se expresó en forma de una declaración pública, fue la confluencia con el Paro Nacional del 21 de octubre, con sus objetivos y con su carácter pacífico y civilista, de los sectores sociales con la mayoría de la bancada parlamentaria alternativa y de oposición. Es la antesala o el camino cierto de lo que necesita el país para detener el peligro fascista, el mal gobierno y poner en marcha el progreso soberano.

Ni la estigmatización oficial de la protesta ciudadana, ni las amenazas desembozadas y veladas, ni la incomprensión detendrán la inconformidad. Por eso el Comité Nacional de Paro anunció la realización de otra jornada general el próximo 19 de noviembre, complementada con la celebración cultural del 21N y el respaldo al día internacional de la eliminación de la violencia contra las mujeres. Para continuar in crescendo con la lucha y la unidad popular y democrática.

Bogotá, 3 de noviembre de 2020

Referencias:

1. https://www.rtve.es/noticias/20201026/mapa-mundial-del-coronavirus/1998143.shtml

2. https://www.infobae.com/america/colombia/2020/10/21/onu-condeno-masacres-y-asesinatos-de-lideres-sociales-y-exguerrilleros-en-colombia/