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El conocimiento como negocio

César Tovar de León 11:42 a.m. Add Comment

 

El crecimiento de estas multinacionales, en especial las de las redes sociales ha llegado a cifras inimaginables. En la actualidad el 49% de la población mundial (aproximadamente 3.800 millones de personas) hacen uso de las redes sociales y han contribuido con la entrega de su información al empoderamiento de estas compañías. El mecanismo utilizado para este logro ha consistido en el ofrecimiento de servicios que en la actualidad se consideran necesarios, incluso indispensables en las actividades del ser humano y las sociedades. Estos se han visto más resaltados en esta época de pandemia.
Por Nelson Ortíz

La cantidad de información que suministramos a las empresas propietarias de las redes sociales a las que estamos inscritos, han permitido a estas multinacionales tecnológicas comercializar nuestra información y monetizar todos los datos recaudados en el mundo, pero hay algo que es de sumo cuidado y que se pasa por alto en forma permanente y es el excelente negocio, cuando se privatiza el conocimiento.

A través del conocimiento el ser humano reconoce los entornos físicos, políticos, históricos o de cualquier otra índole en el que suceden las cosas y con ese conjunto de experiencias, sensaciones y reflexiones opera su razonamiento y aprendizaje. El conocimiento implica el reconocimiento y la interacción con las cosas que nos rodean (procesos cognitivos) y entre ellos están la memoria, el lenguaje, la percepción, el pensamiento y la atención entre muchos otros. El conocimiento no es un reflejo inerte sino un proceso dialéctico complejo, que se desarrolla por etapas y que marcan el devenir del ser humano.

El crecimiento de estas multinacionales, en especial las de las redes sociales ha llegado a cifras inimaginables. En la actualidad el 49% de la población mundial (aproximadamente 3.800 millones de personas) hacen uso de las redes sociales y han contribuido con la entrega de su información al empoderamiento de estas compañías. El mecanismo utilizado para este logro ha consistido en el ofrecimiento de servicios que en la actualidad se consideran necesarios, incluso indispensables en las actividades del ser humano y las sociedades. Estos se han visto más resaltados en esta época de pandemia.

La tecnología y su aplicación han producido una interrupción súbita de los viejos mecanismos en lo laboral, académico, político y social, esto ha ocasionado un aumento exponencial de la desigualdad económica de los Estados-Nación y por consiguiente de la humanidad, tema del que no se hará más referencia en este texto, pero el cual como la intromisión en el conocimiento soportan teorías de dominación política en el mundo.

El uso de herramientas como la analítica de datos, la inteligencia artificial y la teoría de juegos aplicadas al mundo BigData que han efectuado, les ha permitido a las multinacionales tecnológicas tener un mayor éxito financiero, permitiéndoles tomar decisiones, que no solo ocasionan en forma desigual la distribución del valor que generan, sino que los ha posicionado con mayor poder que los Estados-Nación. Esta es una de las razones por la cual se han visto demandadas en los últimos años en diferentes partes del mundo además del tema del monopolio que han ejercido.

Las multinacionales tecnológicas en los últimos años se han conformado como un holding, es decir como un grupo de sociedades en el que existe una empresa dominante y otras muchas subordinadas. Cada una de ellas ha sido creada y diseñada con fines específicos, que abarcan aspectos tan diversos como la energía, la electrónica de consumo, la industria pesada y de construcción, la biotecnología, la salud, los servicios, la educación, la innovación urbana, y aspectos tan llamativos como estudios del sueño, de las ciencias de la vida, del comportamiento humano y el aprendizaje, la detección de rostros, el estudio del ojo humano para determinar sus comportamientos, el envejecimiento y sus enfermedades afines, acuerdos con universidades y sus centros de investigación, y para cerrar el círculo, empresas especializadas en capital de riesgo con las que apoyan a empresas que no son de su grupo pero que se dedican a soluciones de software de código abierto y software libre, y a todo tipo de compañías no importando su tamaño, que se dedican a diferentes áreas del desarrollo tecnológico. En síntesis, están en cualquier tipo de actividad humana.

Hasta 2019 Alphabet Inc. (propietaria de Google), por ejemplo, había publicado 6.447 artículos científicos. El 82% fueron realizados en coautoría con casi 2.400 organizaciones distintas provenientes principalmente de Estados Unidos y otros países centrales, y no comparte con universidades ni organismos públicos de investigación la propiedad de las patentes que registra en base a resultados exitosos de investigaciones conjuntas. Hasta 2017 inclusive, sólo había compartido la propiedad de tres (todas con Stanford) de sus 25.538 patentes solicitadas y otorgadas.

¿Pero cómo han logrado hacer esto?

Han ganado un terreno que nadie tiene, se les ha concedido, un nuevo marco jurídico asimétrico entre la evolución del derecho comercial global y el derecho internacional de los derechos humanos, gozan de plena libertad, no tienen límites y son responsables directos de importantes vulneraciones de derechos sociales y humanos, convirtiéndose en los agentes estratégicos del capitalismo. Un claro ejemplo de esto es el anuncio hecho en enero del 2021 por parte de WhatsApp, en el que obligan a los usuarios a aceptar los cambios de políticas del tratamiento de datos o al no hacerlo deben retirarse del uso de sus servicios; no teniendo en cuenta las legislaciones internas de los Estados donde operan, y solo argumentan que es un contrato entre entes privados, desconociendo sus leyes y disposiciones internas.

Buena parte de sus ingresos reposan en paraísos fiscales desde hace muchos años, razón por la cual incluso la misma Ocde, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, en octubre de 2019 propuso que estas empresas pagaran impuestos en los países donde están sus usuarios, en donde tengan presencia física y no solo en aquellos Estados donde esté registrada la propiedad de patentes, licencias o marcas.

El modelamiento del ser humano a través de los límites del conocimiento que vienen generando, es el arma preferida de sistemas tan salvajes como el neoliberalismo. Con los estudios que adelantan abarcan todo tipo de conocimiento. El empírico cuando cambian la observación y la experiencia de los seres humanos, el científico cuando definen por medio de algoritmos cual es la lógica y la organización que se le debe dar a la información, el intuitivo cuando cambian los modelos de razonamiento por medio de los cuales se percibe un hecho o una idea, el filosófico cuando cambian la reflexión, la observación y el diálogo sobre la realidad, el matemático cuando las relaciones entre los números y sus representaciones las encajan en su realidad, el lógico cuando cambian los dogmas, la fe o las creencias de las personas, el directo cuando cambia la interacción del ser humano con los objetos, el indirecto cuando envían información direccionada y el conocimiento político, cuando cambian la manera de cómo funciona el sistema político y los eventos políticos mundiales. No podría terminar sin decir que los cambios tecnológicos y la tecnología son buenos y necesarios, lo que tenemos que procurar y por lo que tenemos que manifestarnos, es que tanto los unos como la otra, sean beneficiosos y bien intencionados para el desarrollo de la humanidad y el mantenimiento del principio de la soberanía nacional de los Estados.

¿Control o regulación de los bienes públicos?

César Tovar de León 6:31 a.m. Add Comment

 

La discusión académica sobre los conceptos de control y regulación estatal tiene trascendencia en las decisiones de política pública, sobre todo hoy cuando se ha subestimado la importancia de la intervención directa del Estado en asuntos relacionados con los bienes públicos, entregándoselos al sector privado para su usufructo a través del mercado. El papel del Estado frente al internet debe ser de control, no de regulador, porque internet es un bien público, y este control tiene mayor importancia cuando se demuestra que es gracias a la investigación del Estado que hoy podemos contar con tan valioso aporte a la información, comunicación, educación y, en consecuencia, a la calidad de vida y al crecimiento económico.

Por Higinio Pérez Negrete
Economista. Profesor universitario / higinio50@yahoo.com

En internet se ha querido precisar la diferencia entre estos dos conceptos, afirmando que “la regulación puede considerarse un control indirecto”. También se afirma que “el control es la vigilancia que se ejerce sobre el cumplimiento de la regulación (reglas, normas)”. Considero que estas interpretaciones son simplistas, porque sólo dan cuenta parcial de estos conceptos y ocultan lo más importante. Debemos mirar los conceptos con un sentido riguroso. Un ejemplo puede ilustrar la diferencia mucho más profunda entre control y regulación. Cuando el Estado asume directamente la responsabilidad de ofrecer educación, está ejerciendo el control, mientras que cuando la educación es ofrecida por el sector privado atendiendo algunas normas de manejo establecidas por el Estado, estamos hablando de una regulación.

Precisamente, en política educativa el “subsidio a la oferta”, que se otorga en universidades públicas, significa que en este caso el Estado tiene el control de la educación superior y, por el contrario, si se trata del “subsidio a la demanda”, que se entrega en universidades privadas, pero con recursos del Estado, al estilo de “ser pilo paga”, para favorecer a un sector específico de la población estudiantil, representa una política de regulación. Es muy diferente exigirle al Estado que controle la educación a simplemente pedirle que la regule. Hablar de educación, de salud y de internet, que son bienes públicos en razón a sus externalidades (consecuencias) altamente positivas para la sociedad y el crecimiento económico, nos lleva a preguntar si el Estado debe controlar o regular dichos bienes.

Si, como se establece en la Constitución Política de los países capitalistas, la educación es un derecho, y no una mercancía, lo mismo que la salud, es porque son bienes públicos y como tales no deberían quedar en manos privadas. Igual consideración debe tenerse respecto a internet. Sin embargo, en la política educativa y de salud, lo mismo que en la de internet, predomina hoy en la mayor parte del planeta la regulación y no el control. Sobre este tema, en artículos anteriores, he destacado la posición crítica de Mariana Mazzucato frente a la propuesta de Piketty y Stiglitz de regular a las “gigantes de internet” para corregir las fallas del mercado que impiden la competencia en el sector de la información y las comunicaciones. Para ella, el Estado, en este caso, debe ejercer el control de internet, no su regulación, porque fue su creador a través del Departamento de Defensa de Estados Unidos.

La propuesta de Mazzucato se fundamenta en el hecho de que internet es un mercado que ha sido aprovechado por las empresas tecnológicas. En otras palabras, para ella, siendo internet un mercado creado por el Estado, debe estar bajo su control, aunque sea parcialmente, a través de su participación en la propiedad de estas empresas. Cabe agregar que el control estatal, propuesto por Mazzucato, se extiende a las empresas que ofrecen el servicio de la telefonía celular, comenzando por la AT&T (American Telephone and Telegraph), porque ellas se lucran también de este negocio. Mazzucato no tiene en cuenta el carácter de bien público de internet, y el hecho de asumir que internet es valor y mercado creados por el Estado es lo que explica su inconformidad frente a la contabilización del PIB (véase mi artículo “El Estado frente a los bienes públicos”, en La Bagatela de noviembre de 2020). Pero plantear el análisis en estos términos significa colocar al Estado en la misma posición del capitalista, que busca el lucro. Además, queda la pregunta de si es el Estado un gran creador de valor o son los científicos y profesionales que se desempeñan como trabajadores del Estado los que crean valor.

La discusión académica sobre los conceptos de control y regulación estatal tiene trascendencia en las decisiones de política pública, sobre todo hoy cuando se ha subestimado la importancia de la intervención directa del Estado en asuntos relacionados con los bienes públicos, entregándoselos al sector privado para su usufructo a través del mercado. Considero que la reflexión de Mazzucato con respecto al papel del Estado frente al internet es más rigurosa que la de Piketty y Stiglitz, pero su argumentación pierde fuerza cuando compromete al Estado con el papel de creador de valor y de mercado y, por tanto, buscador de lucro. El papel del Estado frente al internet debe ser de control, no de regulador, porque internet es un bien público, y este control tiene mayor importancia cuando se demuestra que es gracias a la investigación del Estado que hoy podemos contar con tan valioso aporte a la información, comunicación, educación y, en consecuencia, a la calidad de vida y al crecimiento económico.

¿Crea desempleo el aumento del salario mínimo?

César Tovar de León 6:17 a.m. Add Comment


No hay prueba sólida, confiable, no sofística, de que el alza del salario mínimo acarree desempleo, ni a corto ni a mediano plazo. Quienes se oponen al alza salarial no ponen cuidado en los positivos efectos políticos (mayor estabilidad para los negocios) y sobre la demanda agregada, factores estos que sí son determinantes en la marcha económica y hasta en los ciclos mismos como lo ponen de presente la poca cantidad relativa de crisis económicas que hubo durante la etapa abiertamente keynesiana (1930-1975) frente a la gran cantidad de ellas en los años neoliberales. No solo no ponen atención al conjunto de la economía sino que a punta de repetir la mentira intentan hacerla pasar por verdad, en estos nuevos tiempos de las fake news, que solo se denuncian cuando las mentiras pongan en riesgo el poder.

Por Pascual Amézquita Zárate
PhD en economía. Docente universitario

Colombia ha sido uno de los países latinoamericanos con mayor tasa promedio de desempleo y mayor tasa de trabajadores informales. Ambos indicadores se agravaron con los meses de la pandemia ante todo porque el espacio para las actividades informales se redujo por falta de apoyo directo y oportuno por el Estado.

Ahora que las centrales obreras se encuentran en la lucha por el mejoramiento del salario mínimo, como era de esperarse la contraparte, el Consejo Gremial Nacional y sus diferentes voceros ‒Andi, Fenalco, Camacol, Fedesarrollo, Anif‒ se presentan como los grandes salvadores de los millones de desempleados y de pequeños empresarios argumentando que un incremento significativo tendría un efecto perversos mayúsculo: el aumento del desempleo, porque los negocios que han sobrevivido a la pandemia ahora recibirían el golpe de muerte y los nuevos negocios no abrirían por culpa del alto costo de las nóminas. Es más, en desarrollo de la misma lógica proponen una serie de medidas que retrotraerían al país a las condiciones laborales más aberrantes del inicio del capitalismo con el falaz argumento de que disminuyendo los costos salariales aumentará el empleo.

Mentiras, mentiras, mentiras

El argumento de que el alza salarial implica desempleo tiene como uno de sus puntos de arranque la llamada Curva de Philips, planteada por el autor que da su nombre en 1958. Pero vista en sus más de sesenta años de desarrollo es lo que suele denominarse entre los economistas como cisne negro, un hecho que rara vez ocurre.

Por supuesto que lo que está en juego detrás de la discusión es la ganancia de los empresarios pues evidentemente un alza salarial las disminuye, pero de ahí no puede concluirse que cerrarán puestos de trabajo. Por eso los economistas se han dado a la tarea de intentar demostrar esa suposición.

Como en cualquier investigación económica, tiene dos formas de abordarse: la histórica, consistente en mirar a lo largo de largos períodos si a los incrementos salariales acarrean desempleo o a través de unos cada vez más sofisticados (y por tanto irreales) modelos econométricos hechos a partir de unos supuestos igualmente sofisticados (y que por tanto ocurren solo en Marte y en los libros de texto). Este es el enfoque que se ha impuesto en la economía, ciencia que en la actualidad renunció casi totalmente a mirar la historia.

Bajo este enfoque era de esperarse que los modelos econométricos masivamente demostraran que la Curva de Philips no fue un sofisma del profesor Philips, pero no hay tal cosa.

En febrero de 2013 se publicó un ensayo titulado ¿Por qué el salario mínimo no tiene un efecto perceptible en el empleo? Para su elaboración el autor John Schmitt indagó unos 2.000 artículos de investigación sobre el tema. El resultado de esa nada despreciable cantidad de reportes es que no encontraron resultados significativos que demostraran que el alza de salarios implica desempleo.

Una investigación similar había sido emprendida por el gobierno gringo a través de la Minimum Wage Study Commission a finales de los años 1970, y en cinco volúmenes resumieron su estudio que llegaba a la misma conclusión: No hay correlación significativa entre las dos variables (1981).

Valga decir que desde el punto de vista del marxismo y de algunas corrientes de la economía keynesiana, el resultado no es para nada sorprendente pues las causas del desempleo hay que buscarlas en otras variables, particularmente en la tasa de ganancia social. De ahí que en épocas de crisis el desempleo se dispare porque caen las ganancias, y la crisis está precedida por años de intensas ganancias que no siempre se traducen en incremento salarial.

Por la misma época Geary y Kennan (1982) hicieron un recuento de la literatura económica desde 1938 para establecer la eventual correlación sin que se reportase una conclusión incontrastable. Anotan:

“El trabajo empírico más antiguo citado anteriormente [Dunlop, 1938] sugiere una hipótesis nula de que los salarios reales y el empleo son estadísticamente independientes a lo largo del ciclo económico. Nuestra principal conclusión empírica es que es difícil rechazar esta hipótesis para los 12 países [Ocde] estudiados (y, en particular, para Estados Unidos)”.

El silencio entre los derrotados en la academia y en el gobierno fue elocuente. A mediados de los años 90, apareció otro estudio que hizo época, el de David Card y Alan Krueger (1994), cuya importancia es haber usado otras herramientas analíticas de la econometría para este tipo de estudios, pero que llegaron a la misma conclusión para desagrado de los patronos.

Ante esta incontrovertible evidencia Aaronson y Sullivan (2000), de la FED Chicago, anotan: “mirando a lo largo de los años, la relación entre el desempleo y el crecimiento de los salarios siempre ha sido relativamente laxa” Y adelante más explícitamente: “Encontramos alguna evidencia de que la sensibilidad del crecimiento de los salarios al desempleo puede haber disminuido en los últimos años, pero consideramos que esa evidencia es algo débil”.

El estudio de Schmitt del 2013 bajo la técnica de estudio de metadatos (análisis de millones de datos recogidos a través de múltiples investigaciones) hace un barrido sobre todas las investigaciones relevantes sobre el tema en el mundo, ya no solo sobre Estados Unidos y Canadá, como lo fue el de la Comisión de 1981. El descorazonador resultado: Muy pocos investigadores han logrado demostrar lo indemostrable. La gráfica 1 muestra que la abrumadora mayoría de investigaciones están cerca al cero, es decir demostraron que no hay correlación entre alza salarial y desempleo. Quizá mirando las gigantescas bases de datos se pueda saber dónde está Fedesarrollo o sus pares colombianos.

Gráfica 1. Efectos estimados del salario mínimo (n = 1.492) 
Fuente: Schmitt (2013). 

Los estudios econométricos toman como punto de partida los datos de la realidad y los someten a diferentes tipos de presión haciendo variaciones en los supuestos: “qué pasaría si en vez de A hubiera sido X”.

Entre el sinnúmero de estudios posteriores vale la pena destacar el de Nukulin (2015) que analiza la relación entre salarios, productividad y desempleo para Estonia, Hungría, Eslovaquia, Republica Checa y Eslovenia entre los años 2002-2013. Tiene relevancia para la discusión en Colombia por tratarse de economías medias de fuerte crecimiento. Identificó que no hay correlación entre las tasas de las tres variables analizadas:

“Nuestro análisis demuestra que no existe una correlación de importancia estadística entre el salario y la tasa de desempleo en la mayoría de los países en cuestión (con una excepción para Hungría, donde hay una correlación adversa moderada). Denota que la proporción de salarios en Polonia y los de los otros países está cambiando de manera diferente a las proporciones de la tasa de desempleo (…) Resumiendo, podemos señalar que la trayectoria del salario, la productividad y la tasa de desempleo en los nuevos países miembros de la UE es diversificada. Nuestras observaciones son consistentes con investigaciones anteriores sobre la diversidad de nuevos países miembros de la UE”.

También vale la pena destacar por la referencia explícita a la incidencia del alza salarial en la inversión extranjera el de Alatas y Cameron (2003) quienes en un documento del Banco Mundial presentan los resultados de su estudio de varios años para Indonesia. Su conclusión central es que el alza de salarios no tiene incidencia en el empleo relativo a las grandes empresas o a la inversión extranjera, en tanto hay cierta ambigüedad en cuanto a lo que ocurre con las pequeñas empresas y las de carácter familiar:

“Los resultados presentados anteriormente no proporcionan evidencia de que los aumentos en los salarios mínimos reduzcan el empleo en las grandes empresas, extranjeras o nacionales. Ninguna de las muchas estimaciones presentadas aquí es negativa para estas empresas. Por el contrario, las estimaciones de diferencias-indiferencias de base para las pequeñas empresas nacionales muestran un impacto negativo en el empleo. No hubo evidencia de más cierres de empresas o menos aperturas como resultado del aumento del salario mínimo para ningún tipo de empresas. Se necesita más investigación ‒en vista de la ambigüedad de los resultados presentados aquí para las pequeñas empresas y la falta de dicha investigación en otros países‒ para establecer la solidez de estos hallazgos”.

Mirando desde otro ángulo

Pero pueden verse los datos históricos desde una perspectiva más cualitativa, más de procesos que de cantidades. Y en esa dirección los resultados tampoco demuestran que haya relación entre las dos variables. Ya queda mencionado el análisis desde la perspectiva más teórica del marxismo y del keynesianismo que encuentran las causas del desempleo en las crisis económicas. Hay otros hechos para ver el problema.

Si fuera cierta, la pretendida relación debería darse en el sentido opuesto, es decir, que a menores tasas de desempleo los salarios aumentaran. No obstante, la primera evidencia empírica que niega esa conclusión se observa en Estados Unidos donde el salario mínimo se mantiene alrededor de los siete dólares la hora desde comienzos de siglo, es decir, 20 años, durante los cuales esa economía ha experimentado todas las situaciones previsibles de auge, caída, crisis, recuperación y covid-19.

El punto es puesto de presente por Krugman (2008) quien señala que los salarios no dependen de la productividad sino de la política pública que hay detrás (salarios como factor de la demanda agregada), de la institucionalidad predominante en el gobierno (socialdemocracia) y de la capacidad de los sindicatos. Obsérvese la gráfica 2. La línea superior (azul) corresponde al alza de los más altos salarios (lo que gana 1 de cada mil trabajadores) las dos intermedias (verde y amarillo) al incremento que recibe el 1 por ciento y el 10 por ciento respectivamente. Finalmente la inferior (roja) muestra el alza en 40 años, que ha sido solo del 26% para el 90% de los trabajadores.

Gráfica 2. Comportamiento varios rangos salariales 1979-2019 

Fuente: Economic Policy Institute (2020). 

Otro ejemplo es el caso de Colombia. Luego de las más fuertes reformas laborales acompañadas de reducción salarial no se observó ninguna mejoría en las tasas de desempleo.

Mención especial merece el estudio de Cengiz, et al. (2019) por su reciente publicación y la amplitud de los datos estudiados (138 incrementos salariales en igual número de casos estatales en Estados Unidos entre 1979 y 2016). Por la importancia de las conclusiones se transcriben casi en su integridad:

“En este artículo inferimos los efectos sobre el empleo del salario mínimo a partir del cambio en la distribución de frecuencias de los salarios. La ventaja clave de este enfoque es que nos permite evaluar el impacto general del salario mínimo en los trabajadores con salarios bajos, que son el objetivo principal de las políticas de salario mínimo. Utilizamos un análisis de estudio de eventos que explota 138 aumentos prominentes del salario mínimo y brindamos una evaluación sólida y completa de cómo los salarios mínimos afectan la distribución de frecuencia de los salarios. En segundo lugar, calculamos el número de trabajos faltantes justo por debajo del salario mínimo, el número de trabajos en exceso en el salario mínimo o ligeramente por encima del mismo, y también los cambios de trabajo en la cola superior de la distribución salarial. Nuestras estimaciones principales muestran que el número de trabajos en exceso al salario mínimo y ligeramente por encima del mismo coincide con el número de trabajos faltantes justo por debajo del salario mínimo, mientras que no encontramos evidencia de cambios en el empleo en o más de $ 4 por encima del salario mínimo. Se da un patrón similar para los trabajadores poco calificados, lo que sugiere que es poco probable que la sustitución de mano de obra sea un factor en nuestro entorno. Además, encontramos que el nivel de los salarios mínimos que estudiamos, que oscilan entre el 37% y el 59% del salario medio, aún no ha alcanzado un punto en el que la pérdida de puestos de trabajo sea considerable. Sin embargo, las consecuencias laborales de un salario mínimo que supere los aquí estudiados siguen siendo una cuestión abierta. Además, si los aumentos del salario mínimo afectan más a los sectores transables, nuestros hallazgos sugieren que los efectos sobre el empleo pueden ser más pronunciados”.

A manera de conclusión

De este recuento se pueden puntualizar varios aspectos.

Ante todo, que no hay prueba sólida, confiable, no sofística, de que el alza del salario mínimo acarree desempleo, ni a corto ni a mediano plazo. Como apuntó hace varias décadas Robert Lucas, uno de los gurúes de la economía neoliberal:

“Los salarios reales observados no son constantes durante el ciclo, pero tampoco muestran tendencias pro o contracíclicas consistentes. Esto sugiere que cualquier intento de asignar a los movimientos salariales reales sistemáticos un papel central en la explicación de los ciclos económicos está condenado al fracaso” (1977, p. 11).

La parte final de la sentencia de Lucas puntualiza además que los salarios no tienen que ver con la expansión o contracción del ciclo económico, y que en consecuencia el desempleo no depende de los salarios altos o bajos o de su aumento, sino del ciclo económico.

Por lo mismo, y tal cual lo exponen dos extremos del pensamiento económico, Marx y Krugman, la determinación salarial depende es de una decisión política mediada por la gana de obtener mayor ganancia.

Quienes se oponen al alza salarial no ponen cuidado en los positivos efectos políticos (mayor estabilidad para los negocios) y sobre la demanda agregada, factores estos que sí son determinantes en la marcha económica y hasta en los ciclos mismos como lo ponen de presente la poca cantidad relativa de crisis económicas que hubo durante la etapa abiertamente keynesiana (1930-1975) frente a la gran cantidad de ellas en los años neoliberales.

No solo no ponen atención al conjunto de la economía, sino que a punta de repetir la mentira intentan hacerla pasar por verdad, en estos nuevos tiempos de las fake news, que solo se denuncian cuando las mentiras pongan en riesgo el poder.

Referencias

· Aaronson, D, y Sullivan, D. (2000). Unemployment and wage growth: Recent cross-state evidence. Economic Perspectives, Vol. 24, 2nd, No. 2.
· Alatas, V. y Cameron, L. (2003). The impact of minimum wages on employment in a low-income country: An evaluation using the difference-in-differences approach. World Bank Policy Research Working Paper 2985.
· Card, D. y Krueger, A. (1994). Minimum wages and employment: A case study of the fast-food industry in New Jersey and Pennsylvania. The American Economic Review V. 84 # 4.
· Cengiz, D., Dube, A., Lindner, A, y Zipperer, B. (2019). The effect of minimum wages on low-wage jobs. NBER Working Paper No. 25434.
· Economic Policy Institute (2020). https://www.epi.org/blog/wages-for-the-top-1-skyrocketed-160-since-1979-while-the-share-of-wages-for-the-bottom-90-shrunk-time-to-remake-wage-pattern-with-economic-policies-that-generate-robust-wage-growth-for-vast-majority/.
· Geary, P. y Kennan, J. (1982). The Employment-Real Wage Relationship: An International Study. Journal of Political Economy, Vol. 90, No. 4, pp. 854-871. Stable URL: http://www.jstor.org/stable/1831359.
· Krugman, P. (2008). Después de Bush. El fin de los “neocons” y la hora de los demócratas. Barcelona: Crítica.
· Lucas, R. (1977). Understanding Business Cycles. En: K. Brunner and A. Meltzer (eds), Stabilization of The Domestic International Economy, Vol. 5 (1977), pp. 7-29.
· Nikulin, D. (2015), Relationship between wages, labour productivity and unemployment rate in new EU member countries. Journal of International Studies, Vol. 8, # 1, pp. 31-40.
· Schmitt, J. (2013). Why does the minimum wage have no discernible effect on employment? Center for Economic and Policy Research. Disponible en: www.cepr.net.
· United States. Minimum Wage Study Commission (1981). Report of the Minimum Wage Study Commission. Disponible en: https://www.worldcat.org/title/report-of-the-minimum-wage-study-commission/oclc/8475184.

El Estado frente a los bienes públicos

César Tovar de León 1:30 p.m. Add Comment



Cuando el PIB, en las cuentas nacionales, es presentado como valor agregado e ingreso total, conlleva otra clasificación discriminatoria contra el Estado. En dichos registros el Estado aparece como un parásito receptor de impuestos y, por el contrario, el sector privado es presentado como el que merecidamente, por su creatividad, obtiene un excedente o plusvalía (ganancias, intereses y comisiones, renta). Si, como Mazzucato demuestra, internet es producto del gran esfuerzo económico y de investigación científica del Departamento de Defensa de Estados Unidos y, además, tiene unas externalidades altamente positivas, el Estado debe asumir un control directo de esta tecnología, exigiendo participación en la junta directiva de las llamadas “gigantes de internet”.

Por Higinio Pérez Negrete
higinio50@yahoo.com

La creación de internet, en los años sesenta del siglo XX, por parte del Departamento de Defensa de Estados Unidos, es un hecho que ha sido destacado por la economista Mariana Mazzucato, en sus libros “El Estado emprendedor” y “El valor de las cosas”, porque demuestra que el Estado fue el gran innovador que abrió el camino de la tercera y cuarta revolución industrial y quien creó las bases para la construcción del centro de negocios más próspero del mundo, Silicon Valley. Igualmente, ella destaca este hecho como un ejemplo de que el Estado, mucho más que ser el encargado de corregir las fallas del mercado, en su papel de regulador, tarea que resaltan otros economistas como Thomas Piketty y Joseph Stiglitz (véase mi artículo anterior), es un gran creador de valor y creador de mercado.

Para Mazzucato, uno de los mayores errores que se cometen en el cálculo del Producto Interno Bruto (PIB) es precisamente no reconocer el papel del Estado como creador de valor, mientras que en dicha contabilidad sí aparecen los bancos y las empresas tecnológicas como grandes aportantes en la producción, cuando la verdad es que extraen valor. Su inquietud respecto al PIB es porque en dicha contabilización al Estado se le representa con una variable que refleja improductividad, es el “gasto”; mientras que a las empresas se les identifica con una variable que insinúa mucha productividad, es la “inversión”.

Esto conlleva otra clasificación discriminatoria contra el Estado cuando el PIB, en las cuentas nacionales, es presentado como valor agregado e ingreso total. En dichos registros el Estado aparece como un parásito receptor de impuestos y, por el contrario, el sector privado es presentado como el que merecidamente, por su creatividad, obtiene un excedente o plusvalía (ganancias, intereses y comisiones, renta): “Las cuentas parecen indicar que el Gobierno solo está gastando los impuestos procedentes de empresas que añaden valor” (El valor de las cosas, pág. 335). Mazzucato dedica la mayor parte de su obra a destacar la capacidad del Estado de crear valor y, por esta razón, reclama una reformulación de la contabilización del PIB.

Considero que la creación y la utilidad de internet debe mirarse desde otra perspectiva. En la teoría económica es de gran importancia diferenciar los bienes privados de los bienes públicos. Los primeros se caracterizan porque excluyen del consumo a quienes no tienen con que comprarlos, es el caso de todos los productos que se venden en el comercio, y los segundos, son consumidos de manera gratuita por todos, es el caso del aire y el sol, por ejemplo. Estos son bienes públicos en el sentido más estricto. Pero existe otra característica de los bienes públicos que merece igual consideración. Es que dichos bienes generan externalidades altamente positivas para la sociedad (contribuyendo a que las personas sean más libres, más demócratas y con mejor calidad de vida) y para el crecimiento económico. Como ejemplos en este caso tenemos la educación, la salud y cabe destacar, por ser centro de atención de Mazzucato, la ciencia y la tecnología, sobre todo la tecnología de la información y las comunicaciones. Por esta razón, estos bienes deben ser responsabilidad directa del Estado.

Si, como Mazzucato demuestra, internet es producto del gran esfuerzo económico y de investigación científica del Departamento de Defensa de Estados Unidos y, además, tiene unas externalidades altamente positivas, el Estado debe asumir un control directo de esta tecnología, exigiendo participación en la junta directiva de las llamadas “gigantes de internet” (Apple, Google, Facebook, Microsoft y Amazon), para garantizar que buena parte de sus ingresos por publicidad sean utilizados para que internet llegue gratis a toda la población, sin excepción alguna, y en las mejores condiciones. Aunque no es fácil tener dicho control en cada país donde están presentes estas empresas, que es en casi todo el planeta, podría pensarse en una especie de organización de países por regiones.

¿Estado regulador o Estado propietario?

César Tovar de León 7:59 a.m. Add Comment

Un tema de gran trascendencia y preocupación hoy en todo el planeta, pero sobre todo en Estados Unidos, es el crecimiento extraordinario de la riqueza de los dueños de empresas tecnológicas (Microsoft, Google, Apple, Facebook y Amazon) al tiempo que se da rápidamente una concentración cada vez mayor del ingreso. Mazzucato, economista italo-estadounidense, quien ocupa hoy uno de los primeros lugares de reconocimiento en el mundo académico de la economía. plantea, como punto principal del análisis, que el centro de atención no debe estar en buscar fallas del mercado en el sector de las empresas tecnológicas y proponer su corrección, como hacen Piketty y Stiglitz, sino en entender que el Estado es creador de valor y más aún, es creador de mercado. Un ejemplo, que resalta ella, es la creación de internet, por parte del Departamento de Defensa de Estados Unidos; una innovación estatal que sirvió a dichas empresas como motor de arranque para montar sus negocios. ¿Si internet es un bien público, con altas externalidades positivas, no es preferible que sea completamente de propiedad del Estado y no una propiedad compartida con el sector privado?

Por Higinio Pérez Negrete
Economista, profesor universitario / higinio50@yahoo.com

Un tema de gran trascendencia y preocupación hoy en todo el planeta, pero sobre todo en Estados Unidos, es el crecimiento extraordinario de la riqueza de los dueños de empresas tecnológicas (Microsoft, Google, Apple, Facebook y Amazon) al tiempo que se da rápidamente una concentración cada vez mayor del ingreso. La brecha se ha abierto mucho más ahora en el período de la pandemia del covid-19, porque ha aumentado ampliamente la demanda por servicios tecnológicos y, por otro lado, se ha elevado mucho el desempleo. Para Thomas Piketty (El capital en el siglo XXI) y Joseph Stiglitz (Capitalismo progresista), la explicación de este resultado es que las mencionadas empresas tienen un excesivo poder de mercado, lo que les permite crear barreras de entrada, comprando potenciales competidores, y especular con sus acciones en bolsa, presentando unos balances contables sobreestimados para elevar desproporcionadamente el precio de sus acciones. De igual manera hacen un negocio excesivamente lucrativo vendiendo la información suministrada por los miles de millones de usuarios de sus servicios, en Estados Unidos y el resto del mundo, a las empresas que pautan publicidad en sus redes.

Estas, y otras formas del negocio, constituyen herramientas de extracción de “renta”, por parte de dichas empresas, a toda la sociedad. En síntesis, para Piketty y Stiglitz, se requiere una intervención estatal (regulación) para corregir las fallas del mercado y restaurar la competencia. Para esto proponen reforzar medidas antimonopolio, como la obligación de dividir las empresas, con lo que se evitaría la absorción de otras como ha ocurrido hasta ahora, destacándose la compra de WhatsApp e Instagram por Facebook. También proponen aplicar una tarifa extraordinaria de impuestos sobre el patrimonio de las empresas. El objetivo es garantizar un ambiente de competencia, con lo que se lograría dinamizar la innovación tecnológica, y garantizar mayores recursos tributarios con los que el gobierno de Estados Unidos lograría aumentar el gasto social y disminuir la desigualdad en el ingreso.

En artículos anteriores, con el título “El rentismo de las empresas tecnológicas” y “¿Rentismo o acumulación de capital?”, he planteado que las ganancias extraordinarias de estas empresas han sido el resultado de la competencia y la sobreexplotación de los trabajadores en toda la economía de Estados Unidos, y que no es riguroso calificar de renta lo que constituye una ganancia que está por encima de la ganancia media del capital. El monopolio no es una anormalidad de la economía capitalista sino una consecuencia de la competencia entre capitales, y su permanencia no es eterna sino temporal; así como la competencia lo genera también lo destruye para que aparezca un nuevo monopolio. La contradicción principal es entre el trabajador, creador de valor, y el capitalista, quien recibe de primera mano el excedente (plusvalía), y no entre la sociedad en su conjunto y el capitalista. Por tal razón, el análisis debe centrar la atención en el proceso de producción, y no en el de distribución. Piketty y Stiglitz centran su atención en esto último y por eso considero que sus propuestas, aunque aliviarían los males, no tocan el problema de fondo.

Un planteamiento diferente al de Piketty y Stiglitz se encuentra en dos libros (“El Estado emprendedor” y “El valor de las cosas”) escritos por Mariana Mazzucato, economista italo-estadounidense, quien ocupa hoy uno de los primeros lugares de reconocimiento en el mundo académico de la economía. Mazzucato plantea, como punto principal del análisis, que el centro de atención no debe estar en buscar fallas del mercado en el sector de las empresas tecnológicas y proponer su corrección, como hacen Piketty y Stiglitz, sino en entender que el Estado es creador de valor y más aún, es creador de mercado. Un ejemplo, que resalta ella, es la creación de internet, por parte del Departamento de Defensa de Estados Unidos; una innovación estatal que sirvió a dichas empresas como motor de arranque para montar sus negocios. Según Mazzucato, el Estado ha asumido muchos riesgos como innovador, y sobre las empresas tecnológicas afirma que, aunque han hecho algunas innovaciones, todo su poder se ha originado en la creación de internet. Para Mazzucato, Silicon Valley es lo que es hoy, gracias a la intervención creativa y financiera del Estado. Por tal razón, las ganancias de estas empresas deben ser compartidas con el Estado. En otras palabras, el Estado debe tener participación accionaria en ellas.

El análisis de Mazzucato es interesante, pero quedan algunas preguntas por responder: ¿El Departamento de Defensa de Estados Unidos creó internet con el propósito de contar con una buena herramienta para generar ganancias? ¿En lugar de pensar que internet es una herramienta que permite generar altas ganancias, no sería mejor considerar que es un bien público, sobre todo por sus externalidades altamente positivas en términos de información, comunicación y educación? ¿Si es un bien público, con altas externalidades positivas, no es preferible que sea completamente de propiedad del Estado y no una propiedad compartida con el sector privado? ¿Será que las empresas tecnológicas estarán dispuestas a conciliar con el Estado y respetar el carácter de bien público de internet? ¿Será que la total propiedad estatal sólo podrá garantizarse para las nuevas innovaciones tecnológicas con recursos públicos?

Un recorrido por las doctrinas económicas en los tiempos del covid-19 (parte I)

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Un recorrido por las diversas teorías económicas, desde los clásicos hasta el surgimiento del neoliberalismo. Ante la crisis mundial por el covid-19 se considera conveniente darles una mirada a dichas doctrinas desde una perspectiva histórica y ver si esta pandemia nos deja lecciones para no caer en una inacción que haga que las medidas que se han tomado por causa de ella se diluyan ocultando la necesidad de dejar atrás políticas vetustas que han chocado contra las realidades que se ven todos los días, no sólo en Colombia sino en todo el mundo. Hoy publicamos la primera parte.
Por Diego Escobar
Economista y matemático

Muchos se preguntan hoy si cuando se logre superar la pandemia o al menos aminorarla sustancialmente, la pospandemia nos llevará a plantear un manejo de la economía en forma diferente a lo que se ha venido pregonando y aplicando hasta hace ya un tiempo. Por ello se considera conveniente darles una mirada a las doctrinas económicas desde una perspectiva histórica y ver si esta pandemia nos deja lecciones para no caer en una inacción que haga que las medidas que se han tomado por causa de la pandemia se diluyan ocultando la necesidad de dejar atrás políticas vetustas que han chocado contra las realidades que se ven todos los días y no sólo en Colombia sino en todo el mundo. 

La economía clásica, la economía marxista y la neoclásica 

Los clásicos como Smith, Malthus y Ricardo[1] se preguntaron por el origen de la riqueza, el crecimiento y su distribución en un sistema de producción capitalista. Según Smith, los individuos sirven a los intereses colectivos precisamente porque se guían por sus propios intereses. Para Smith, el “laissez-faire” fue un programa para la abolición de las leyes que limitan el mercado, es decir la economía sin la intervención del Estado. 

Ricardo plantea que es el trabajo el origen de la riqueza, establece por primera vez la ley del rendimiento marginal decreciente de la tierra pues una clase parasitaria (los rentistas) absorben parte de la riqueza creada y sólo habrá equilibrio cuando estos beneficios desaparezcan. 

Marx[2] toma el desarrollo de Ricardo sobre el valor donde se establece claramente que es el trabajo la fuente de la riqueza (más concretamente la plusvalía que, dicho en forma simple, es el valor del trabajo del cual se apropia el dueño de los medios de producción). Pero precisamente es el marxismo
‒que conlleva una serie de implicaciones políticas (radicales según algunos)‒, a que se desarrollen y se enfaticen otras escuelas de pensamiento desviando la atención de lo planteado por los clásicos. 

Para estas nuevas escuelas lo que importa es la asignación de recursos, y el trabajo lo convierten en uno de los factores de producción igualándolo a otros como el capital o la tierra. Es el reino de la escuela marginalista encabezada por Marshall, Jevons y Menger, ampliada por la teoría del equilibrio general de Walras y complementada por la Escuela Austríaca, con Mises y Hajek. Esta se va lanza en ristre contra el empirismo, adoptando el principio de falsedad con el cual se descalifica una teoría como científica si no puede probarse que es falsa. 

Además, para esa escuela la formación de precios no es función del trabajo incorporado en su producción sino es función de la intensidad de las preferencias subjetivas del consumidor. La utilidad marginal determina la demanda y el costo marginal la oferta. Los costos de producción no se determinan por las condiciones físicas de la producción sino como una utilidad no realizada. Es el manejo del dinero o política monetaria la que en últimas define el nivel de producción y la cantidad de empleo. 

Este enfoque es la fundamentación de la macroeconomía por medio de la microeconomía. Las decisiones son de tipo individual, aparece el “hombre económico” como representante de todo el sistema económico. Las decisiones a nivel macro se rigen por la ley de Say que establece como axioma que la oferta crea su propia demanda y que por lo tanto a nivel macro todo está en equilibrio. El culmen es el subastador (auctioneer) de Walras que reemplaza la “mano invisible” que hace que todos los mercados, incluyendo el mercado laboral, estén en equilibrio y se esté o se llegue siempre a una situación de pleno empleo. 

Nótese el énfasis, en todo lo expuesto, que se le da
‒inclusive hasta hoy‒ al mercado. Es este que solito regula todo. Siempre hay una situación de equilibrio (incluido el mercado laboral donde sólo existe el desempleo voluntario o el que llaman friccional (cuando, por ejemplo, hay desempleados por causa de la rotación). Como todo está en equilibrio, el Estado no tiene ningún papel que jugar. Si acaso le permiten que actúe como regulador. 

El surgimiento de la economía keynesiana 

Pero ¿qué sucede? Después de la primera guerra mundial, en los años 1929 a 1933 aparece a nivel mundial la Gran Crisis. Decenas de quiebras, una inflación galopante, un desempleo jamás visto y las doctrinas no tienen respuestas que expliquen lo que pasó. Tuvo que venir Keynes al rescate, un liberal formado en Cambridge en la escuela marginalista de uno de sus tutores, Marshall. En su Teoría General[3] del año 1936 destruye la ley de Say, plantea que los mercados no están siempre en equilibrio y sobre todo el mercado laboral que contiene un empleo involuntario. Keynes en la Inglaterra de aquellos tiempos no era laborista, pertenecía al partido liberal y puso sobre el tapete la discusión del papel del Estado. Su Teoría General era para salvar el sistema capitalista. Afirma categóricamente la necesidad de la intervención del Estado para hacer crecer la demanda agregada y eliminar el desempleo para restituir el equilibrio. 

Como la intervención del Estado tenía un cierto tufo de planificación y ya se había dado la revolución socialista en 1917 en Rusia, había que trancar esa tendencia y aparece un personaje como Hajek que se embarca en una profunda controversia con Keynes pero teniendo siempre en mente y en la mira evitar a toda costo que se contemplara aun mínimamente al Estado como un actor principal. Se establece la necesidad de desreglamentar, de privatizar, de disminuir programas contra el desempleo, de eliminar subsidios –en particular en el sector inmobiliario– reducir los gastos en seguridad social y limitar el poder sindical (Fundamentos de la libertad[4]). Hajek es la raíz del monetarismo que a su vez es la raíz del neoliberalismo y el Consenso de Washington. Dado el garratozo que recibió la escuela neoclásica, se fundó por iniciativa de Hajek la sociedad que vino a llamarse ‘Mont Pèlerin’[5] donde concurrieron personajes como Hajek, Von Mises, Robbins, Popper, Friedman y Stigler, entre otros. 

El keynesianismo fue la política económica predominante después de la Segunda Guerra Mundial en todo el hemisferio occidental. Se desarrolla en los países nórdicos y en parte en Gran Bretaña la Economía del Bienestar que se enfoca en el bienestar de la gente desarrollando sistemas de salud, educación y seguridad social amplios. Gran Bretaña abandona este enfoque con Margaret Thatcher y en los países nórdicos se pierde el impulso. 

El resurgimiento de la economía neoclásica (neoliberal) 

Pero ¿qué pasó? Todas esas escuelas de pensamiento económico que estaban al acecho de que fracasara la intervención del Estado en la economía, que se interviniera el mercado, se encontraron con que en los años 80 del siglo pasado ocurrió a nivel general un fenómeno donde se presenta un estancamiento de la producción y el crecimiento y en forma simultánea altas tasas de inflación. Fue un boccato di cardinale para la guerra contra el keynesianismo y su política de intervención del Estado que fueron arrojados al baúl de los recuerdos. 

Se desvirtúa la teoría que sustenta la curva de Phillips (relación inversa entre desempleo e inflación) que ya no vale y, por lo tanto, no hay razón para bajar el desempleo por medio de admitir cierto grado de inflación. El monetarismo de la Escuela de Chicago entra a predominar con su tesis de que sólo la política monetaria es la que define todo. Por lo tanto, vuelve a ser el mercado el que lleva a un equilibrio y naturalmente no hay papel para la política económica del Estado. 

Se define una “tasa natural del interés” que para esta escuela es el precio relativo de los bienes presentes y futuros. Si en la realidad la tasa está por encima de “la natural” hay exceso de oferta de bienes y exceso de demanda de dinero. Si está por debajo hay exceso de demanda de bienes y exceso de oferta de dinero. En el primer caso los precios suben y en el segundo bajan. Todo el cuento es entonces que no haya desviaciones. Con este sustento la política fiscal queda reducida a su mínima expresión y, claro, no intervención del Estado en la economía. 

Ahora bien, quizás lo que mejor caracteriza la época es el llamado Consenso de Washington. Se establecen las siguientes pautas: 

1.    Disciplina fiscal

2.    2. Eliminar subsidios y direccionamiento para educación, salud e infraestructura, preferiblemente privada.

3.    Evitar déficit con respecto al PIB

4.    Manejo de la tasa de interés

5.    Reforma fiscal

6.    Desregulación financiera y de los mercados

7.    Tipo de cambio competitivo

8.    Liberalización del Comercio Exterior y de la Inversión Extranjera

9.    Privatización de las empresas públicas

10. Garantía de derechos de propiedad

Es la globalización de las finanzas y es el capital financiero el que dictamina el rumbo de la economía. 

Y ahora ¿qué pasó? Se vino la crisis financiera de 2008 que se origina en gran medida por la quiebra e Lehmann&Brothers (burbuja inmobiliaria) y ¿quién acude al rescate ahora? ¡El Estado! Se ven forzados a introducir de nuevo regulaciones en el mercado financiero y de bienes. 

Se supera lentamente la crisis por medio de préstamos del tesoro americano a los bancos, pero ahora la pregunta es ¿quién pasa a batear? ¿De nuevo el keynesianismo? ¡No todavía! Se arma lo que se conoce como ‘Nuevo Consenso’ que conlleva:

1.    Existencia de niveles “naturales” para el producto y la tasa de interés.

2.    La introducción de rigideces e imperfecciones se manejan microeconómicamente fundamentadas con Expectativas Racionales

3.    Análisis de corto plazo son desviaciones entre variable actuales y las “naturales”

4.    Impuestos bajos para crear empleo

5.    Ahorro en el gasto público

Se llega entonces a un carácter contracíclico de la política monetaria que predomina sobre la fiscal y a estabilizar la inflación alrededor de sus metas. El producto real alrededor del producto “natural”. 

En el entretiempo, más o menos a comienzos de los años 90 entra en furor el Consenso y en nuestro país se produce a nivel de la economía lo que se conoció como la Apertura. El análisis sobre el efecto de esta concepción privatizadora y antiintervencionista se presenta en la próxima edición de La Bagatela. 

Notas

[1] Smith A. Investigación sobre la Naturaleza y Causas de la Riqueza de las Naciones (1776). Fondo de Cultura Económica 1997.;Malthus T.R. Essay on the Principles of Population (1798);Ricardo D. Principios de Economía Política y Tributación (1817).Ediciones Orbis,1985;

[2] Marx C. Das Kapital, Dietz Verlag 1974. Tomo 23 de Mega.

[3]Keynes J.M.: The General Theory of Employment, Interest and Money (1936). Edición de la Royal Economic Society de 1973.

[4] HajeK von F. A. Los Fundamentos de la libertad, 1960. En: https://www.academia.edu/38030131/Los_Fundamentos_de_la_Libertad_-_Friedrich_A_Hayek.

[5] https://en.wikipedia.org/wiki/Mont_Pelerin_Society y Wapshott N., Keynes Hayek, The Clash that defined Modern Economics, Norton,2011.