El golpe en Bolivia. “No pasarán”

César Tovar de León 10:54 a.m.


Por Alberto Herrera
Director de La Bagatela

Los sucesos ocurridos en Bolivia son el nuevo capítulo de la contienda que libran los pueblos latinoamericanos contra la pobreza y la opresión, y que hoy ocupan a la opinión mundial.
El propósito, mediante un supuesto “fraude electoral”, era culpar a Evo, desestabilizar la nación, derribarlo del poder y condenarlo, tomarse el control del país y dar un golpe de opinión en el continente. No importaba el resultado de las elecciones, pues lo previsible era el triunfo de Morales, por eso una vez conocidos los primeros datos electorales salen en determinados ciudades cuadrillas de saqueadores, incendiando sedes de escrutinio electoral, de organizaciones sociales, de los medios oficiales, de funcionarios estatales, de miembros del Movimiento al Socialismo, MAS, incluso la residencia del propio Evo y la de su hermana fueron violentadas. Aprovecharon que se encontraban en total indefensión, pues las fuerzas armadas se abstuvieron de actuar; ya se habían entregado a los golpistas como quedó claro en la posterior rueda de prensa de la cúpula militar en donde el comandante Kalimán, que se había declarado el 18 de diciembre de 2018 cuando asumió su cargo, “soldado del proceso de cambio”, quita el respaldo a la institución presidencial y “sugiere” la renuncia de Evo Morales, configurando un golpe de Estado cuidadosamente planeado que obligó al presidente a replegarse, sin alternativa distinta a renunciar para evitar una masacre de sus seguidores que no tenían cómo proteger a su jefe ni defenderse ellos mismos de un conjunto de golpistas, incluyendo el ejército actuando en su contra. Además, la Central Obrera Boliviana había retirado su respaldo a Evo.
El detonante de la violencia lo propició la OEA, dedicada desde la misma noche de las elecciones a sembrar sospechas sobre el recuento de votos y a darle argumentos a la oposición golpista. La validez de las apresuradas conclusiones de la auditoría de la OEA quedó cuestionada por el trabajo del Centro de Investigación en Economía y Política (CEPR). Los investigadores del Centro estadunidense muestran que la mayor parte de los señalamientos de la OEA se hacen sobre el escrutinio provisional y no sobre el oficial. El conteo rápido se hace con base a fotografías de las actas para responder la ansiedad de los medios y de la población, con resultados creíbles a pocas horas de terminada la votación, aunque estos resultados no tienen ningún valor legal. En Bolivia el único cómputo vinculante es el oficial, confeccionado por los Tribunales Electorales sobre la base de las actas verdaderas. Eso explica que grupos coordinados de opositores atacaron e incendiaron algunos locales donde se llevaba a cabo el recuento oficial, obligando a trasladar el lugar de trabajo. Esas mudanzas fueron utilizadas por la OEA para cuestionar el funcionamiento de los escrutinios. La OEA, a pesar de reconocer el triunfo electoral de Evo en la auditoría que elaboran solo revisan 333 actas electorales de 34.555, “encontrando irregularidades”, que no es fraude, en 78 actas, se atreve a desconocer el resultado y en una decisión política, pide realización de nuevos comicios. “Al final del conteo oficial, el legalmente vinculante y completamente transparente, coincidió estrechamente con los resultados del conteo rápido”, afirmó Guillaume Long, uno de los investigadores del CEPR.
A pesar del asilo en México de Evo y de la represión desatada, (la policía adelanta saqueos y asesinatos en barrios populares de La Paz y Cochabamba) se están realizando concentraciones en defensa de la Constitución, condenando el golpe, defendiendo la legitimidad de los diputados del MAS y señalando a Mesa y a Camacho como los promotores. Carlos Mesa fue el presidente de Bolivia a quien Evo remplazó, y ¿quién es Camacho? Lo llaman “el macho”, lidera la organización civil más importante en la zona más rica de Bolivia y con su familia son dueños de compañías vinculadas a los seguros, el gas y los servicios públicos. Tiene 40 años y está vinculado con los conocidos Panamá Papers para “coadyuvar a personas y empresas a esconder sus fortunas, lavar dinero y establecer esquemas de evasión de impuestos”, como lo dice el informe que elaboró la comisión legislativa que investigó el tema presentado hace dos años.
En el intento de encontrar una salida a la crisis boliviana, los golpistas han realizado una sesión sin el quorum requerido del parlamento boliviano y designado inconstitucionalmente a Jeanine Áñez, reconocida por sus posiciones racistas y sin siquiera ser presidenta del parlamento, como presidenta de la nación. Este nombramiento rompe la línea de sucesión, que ante la ausencia del presidente y del vicepresidente le corresponde a Adriana Salvatierra presidenta del Senado a quien se le impide el ingreso al edificio. La mayor concentración popular reunida en El Alto desconoce el nombramiento de Áñez, corea el “no pasarán” y exige la reunión de la Asamblea Nacional con los diputados del MAS que son dos terceras partes. Qué ironía, se desconoce al mandatario elegido popularmente y acogido por trece años y a un parlamento mayoritario para, mediante maniobras ilegales, colocar en la silla presidencial a una persona que es títere de los gringos, para nombrar gabinete y nueva cúpula militar. Esa “democracia” poco durará.
Al somero relato de los acontecimientos que se precipitan a diario y a los que hay que prestar atenta nota, se suman documentos cada vez más certeros confirmando que desde EE. UU. se planificó el golpe a Bolivia. El texto Behind Back Doors del analista Alfredo Jalife explica con detalle, con nombres y apellidos los involucrados en el golpe (elcaminantehn.com). Se conocen además 16 audios de conversaciones entre miembros de la oposición en Bolivia y los senadores Marco Rubio, Ted Cruz y Bob Meléndez. En dichas grabaciones se llama a no reconocer el triunfo de Evo, a realizar actos de vandalismo y se habla de la participación de miembros del gobierno Bolsonaro, y que están trabajando con miembros del gobierno de Duque y el secretario privado de Uribe. (www.elperiodicocr.com) Existe otro artículo de Misión Verdad que ilustra como a través de USAID retornaron a Bolivia funcionarios norteamericanos, entraron importante cantidad de dólares y fueron recibidos en Santa Cruz por las autoridades para asesorar en vivo y en directo el golpe (misionverdad.com)
Cabe resaltar el papel de la prensa internacional, tergiversando y recortando la información hace coro a los golpistas. El ejemplo más patético es el periodista de CNN Fernando del Rincón quien trata de demostrar que no hubo golpe de Estado, lee una definición de diccionario del significado de la expresión, argumentando que no hubo una masacre y justifica lo ocurrido. Vergonzoso para una cadena que goza de prestigio mundial y cuyo corresponsal en la Casa Blanca fue expulsado y vetado por Trump.
Aunque se ha derrocado al gobierno encabezado por Evo Morales, países como México, Argentina, Cuba, Uruguay, Venezuela, Nicaragua y España reconocen al líder boliviano como el legítimo presidente. Incluso, el presidente electo Alberto Fernández expresó: “Argentina es casa de todos los bolivianos y para mí el día que llegue a la presidencia va a ser un honor recibir a Evo Morales y a Álvaro García Linera en el país”. Cristina Fernández, nueva vicepresidenta advirtió sobre una “nueva moda”, en América Latina “a los presidentes ya no los eligen los pueblos”. A su vez Morales señaló que el golpe de estado en Bolivia proviene de una conspiración política desde EE. UU. y en su tuit condenó “la decisión de Trump de reconocer al gobierno de facto, autoproclamado por la derecha”. La cancillería colombiana también corrió a reconocer a Áñez “como presidenta interina de Bolivia”.
El golpe de Bolivia muestra el desespero de una nación habituada a vivir del saqueo de pueblos y naciones, que con un bárbaro al frente, Trump, acelera su decadencia. La opresión centenaria ha permitido que en el continente Latinoamericano surja una vigorosa fuerza alternativa y democrática, con características propias en cada país, identificada en la defensa de la libertad y soberanía de su nación y en la búsqueda de bienestar de su población, que se levantó para quedarse. Evo ha prometido que regresará con más fuerza que nunca. Las dificultades las tienen los saqueadores de los recursos, los usurpadores del poder y sus socios.
(13 de noviembre).

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