Algunas reflexiones respecto a las perspectivas ideológicas de la izquierda, en el azaroso marco del presente global (parte 1).

César Tovar de León 2:43 p.m.



En medio de la coyuntura actual es una tarea inaplazable propiciar un gran debate ideológico dentro de la izquierda. Como decía hace poco Gustavo Petro, en una de las “Charlas en Cuarentena” del PTC, hay que planificar y ambientar desde ya el panorama para 2022. La cascada de desaciertos de este gobierno, y la crítica permanente a su accionar, no pueden apartar de nuestra vista la idea de la consolidación ideológica de nuevas perspectivas, de la reflexión sobre las raíces del partido, y el estudio de las realidades y posibles panoramas. Marcelo Torres, en un texto muy interesante, advertía hace poco de los peligros de la coyuntura actual, como un espacio de cambio radical, o de autoritarismo desembocado; proponiendo la consolidación de un Frente.

Por Esteban Morales
Magíster en Historia
En medio de la coyuntura actual es una tarea inaplazable propiciar un gran debate ideológico dentro de la izquierda. Como decía hace poco Gustavo Petro, en una de las “Charlas en Cuarentena” del PTC, hay que planificar y ambientar desde ya el panorama para 2022. Es muy importante conquistar el Congreso, la Presidencia, y determinar el papel del PTC en esa configuración y plan político macro. Es indudable que el partido ha dado declaraciones y múltiples análisis coyunturales de actualidad, sin embargo, se hace necesario un debate intenso, con argumentos y de manera crítica, para determinar el rumbo ideológico-político, más allá de la actualidad duquista (desastrosa), y con miras al futuro de Colombia. La cascada de desaciertos de este gobierno, y la crítica permanente a su accionar, no pueden apartar de nuestra vista la idea de la consolidación ideológica de nuevas perspectivas, de la reflexión sobre las raíces del partido, y el estudio de las realidades y posibles panoramas. Marcelo Torres, en un texto muy interesante, advertía hace poco de los peligros de la coyuntura actual, como un espacio de cambio radical, o de autoritarismo desembocado; proponiendo la consolidación de un Frente, con participación de una burguesía nacional, junto a muchos otros sectores democráticos, para llevar a cabo una férrea oposición al uribismo; así como una reivindicación del pensamiento de Francisco Mosquera, un rechazo del intervencionismo estadounidense, una defensa de la autodeterminación del país, del fortalecimiento y fomento del sector agropecuario, y de la ampliación y consolidación de una dinámica economía estatal, o en torno al Estado, que les dé a algunos sectores estratégicos, una visión no enmarcada en la ganancia, sino en el bienestar[1].
A continuación, dejaré a consideración algunos elementos importantes que pueden ser un inicio para la discusión permanente en este campo. Las reflexiones que siguen se hacen con base en la reciente lectura de múltiples y variados artículos donde se discute el porvenir de la humanidad, con la idea de ver puntos de contacto con los planteamientos del partido, con la idea de buscar coordenadas y puntos de vista que nos permitan articular y fortalecer la parte ideológica, que ya Marcelo esbozaba en el artículo arriba mencionado.
I. Retomar la capacidad de soñar
En un artículo bastante interesante, Alejandro Galliano nos brinda un abrebocas de su recientemente aparecido texto: ¿Por qué el capitalismo puede soñar y nosotros no? (Siglo XXI editores, 2020). Allí, Galliano muestra las construcciones utópicas del capitalismo como supuestas formas de evasión de la realidad alienante y precaria del neoliberalismo. Para el autor, el problema radica en que decenas de jóvenes “innovadores” se tomaron el derecho de soñar con un supuesto “mejor capitalismo”, mientras la izquierda olvidó su capacidad utópica, propositiva, contentándose con un constante retorno al pasado y una actitud defensiva. El capitalismo acusó a la izquierda de los problemas de las utopías del siglo XX, adquiriendo automáticamente un derecho a soñar mientras anulaba el de ese “otro” espectro político.
“Granjas cooperativas, fábricas recuperadas, comedores comunitarios, centros de estudiantes y otras formas emergentes demostraron creatividad y eficacia para detener o moderar el impacto de políticas impopulares, pero pocas veces estas estrategias lograron avanzar más allá de los grupos directamente involucrados y proyectar un futuro alternativo para el conjunto de la sociedad”[2].
Para Galliano, el problema central radica en que, después de algunas protestas, de algunas marchas callejeras, de algunos días de inconformidad generalizada (como el 21N) o de algunas iniciativas sociales, económicas y comunitarias alternativas, la izquierda queda relegada y hasta fragmentada por diversos mecanismos, el capitalismo sigue prometiendo un promisorio porvenir (que nunca llega a la mayoría), y las fuerzas retardatarias y ultraderechistas se apoderan del descontento y ponen a soñar a las masas desconsoladas por el capitalismo imperante. Lo anterior es un peligro creciente que vemos en todo el mundo, donde reaparece una extrema derecha que coloniza espacios cada vez mayores. La invitación de Galliano es a retomar la tarea de soñar un futuro diferente, y reivindicar nuestro derecho a hacerlo. Si no lo hacemos, alguien más soñará por nosotros, canalizando el descontento generalizado. Aquí aparece entonces la primera de las reflexiones: reivindicar el derecho de soñar con un país distinto, y con otras maneras de solucionar los problemas nacionales.
II. Debates estructurales necesarios
En otro artículo, Ricardo Dudda pone de manifiesto las consecuencias económicas funestas de la actual pandemia. La época de la “Gran Reclusión”, como ha sido bautizada por el Fondo Monetario Internacional, ha dejado al descubierto la posibilidad de una crisis sin precedentes, como ya lo ha advertido también la Cepal[3]. Sin embargo, Dudda llama la atención sobre los peligros de reiterar hasta el infinito las cifras desastrosas de la actual pandemia de covid-19, proponiendo trascender la simple exposición de las mismas, ya que estas se vuelven obvias en un escenario de nueva “normalidad”, marcada por el coronavirus, y cuya duración no parece estar determinada claramente. Lo que se debe llevar a cabo es una crítica argumentada, abrir “debates estructurales necesarios”, para así ver las “costuras del sistema” y aprender de su funcionamiento real.
El autor arranca entonces a analizar estructuralmente la economía de EE. UU.[4] y la Unión Europea, y surge la primera reflexión: en el gigante del norte se protege siempre al capital sobre el empleo en medio de las crisis, razón por la cual, dicho país afronta un crítico panorama actual, donde las situaciones de pandemia, narradas por Hollywood en escenarios de África, se han desarrollado, en la realidad, en la cosmopolita y populosa New York. Esa defensa del capital (en manos de la capa más privilegiada), en detrimento de los trabajadores (capas que dependen de un salario), hace que el modelo estadounidense tenga problemas estructurales graves en medio de situaciones críticas. Asuntos como la cobertura de salud, que depende de que el individuo trabaje, se vienen al suelo. En la UE por otro lado, el autor señala que la unión se da solo en torno al mercado común, pero a la hora de la verdad, hay países ricos acreedores (Alemania, Países Bajos), y una Europa del sur deudora, que “defiende una mayor integración fiscal”, sin embargo, han aparecido soluciones o respuestas heterodoxas, en esos mismos escenarios, a la actual crisis. En España se aprobó un ingreso mínimo de 500 euros para quienes posean rentas menores a 200 euros, y se han blindado las empresas españolas frente a posibles compradores en medio de la crisis, ya que estos deberán pedir autorización al gobierno para comprarlas; en Inglaterra se nacionalizó el sector ferroviario, y se ha impuesto una agenda de intervencionismo estatal; mientras que regresando a EE. UU., se aprobó un inmenso y ambicioso paquete de estímulos, así como una especie de ingreso ciudadano de 1.200 dólares, mientras que en Francia se ha debatido en torno a una agenda propia del “capitalismo dirigista francés”.
Todo lo anterior, hace pensar a Ricardo Dudda que el Estado intervencionista saldrá favorecido de esta crisis, y ganará terreno progresiva y paulatinamente (En Colombia valdría la pena reflexionar, que no ha sido el Estado el que se fortalece, sino la figura del presidente), pero ese movimiento hacia esa forma de organización del Estado, también tiene antecedentes en muchos movimientos ultraderechistas antiglobalización, lo que sin duda representa una preocupación que desde la izquierda se debe asumir. Esta tendencia a “priorizar la autosuficiencia y la producción nacional” que marca el autor para el mediano y corto plazo, coincide con uno de los postulados históricos del PTC, razón por la que hay que fortalecer y reactualizar la agenda de ese tema cuanto antes, para darlo a conocer en el país como bandera, con las distintas salvedades que se deban considerar o tener presentes.
Otro tema fundamental que aparece en el artículo, y que posee toda la validez para el PTC es el debate en torno al tamaño del Estado. Que este sea grande no significa automáticamente que sea mejor. No podemos olvidar que el Estado puede (y lo ha hecho) administrar mal, razón por la cual debe estudiarse muy bien el tema de las nacionalizaciones, teniendo objetivos claros. Según Dudda: “un Estado grande también puede ser neoliberal. El neoliberalismo no es exclusivamente la falta de Estado o de regulación sino un Estado que interviene para defender al capital y no al trabajo”.
También se desprende un peligro para la izquierda, y es que muchos discursos desde la derecha tratarán de invocar una mayor intervención del Estado, razón por la cual, la dicotomía entre ambas corrientes políticas aparecerá a los ojos del individuo común como porosa y compleja. Los defensores de la desregulación, la privatización, la estratificación, y la poca inversión social, intentarán modificar sus perspectivas para adecuarse a la crisis del poscovid-19 discursivamente. ¿Cómo enfrentar ese caballo de Troya? He ahí otro tema central que aparece en el panorama de la izquierda en Colombia y el mundo.
“Los países que están interviniendo más en la economía no son necesariamente los más progresistas, los países que menos están interviniendo en la economía no son necesariamente los más neoliberales. La intervención de la economía para resolver la crisis del coronavirus no inaugura necesariamente una nueva era socialdemócrata. O, como bromeaba el 5 de abril pasado en Twitter el historiador Quinn Slobodian, autor de una historia del neoliberalismo: «Recordad, niños. Estatismo de crisis ≠ socialismo».”[5]
En últimas, Dudda llama la atención, para que no confundamos lo que queremos que pase, con lo que pasará invariable y finalmente. El capitalismo es un sistema al que muchos han declarado muerto o en crisis, pero este sobrevive y reaparece adaptado y aplazando sus fallas de carácter estructural, como quien patea una pelota hacia adelante. El debate girará, según el autor, en torno a “un capitalismo «tardío» financiarizado, desregulado, monopolista, desigual, altamente endeudado y globalizado; por otro, una idea de capitalismo dirigista, autárquico, con economía de guerra y con una función del Estado como benefactor y gran empresa de seguros”, y obviamente en esta fase presente de la evolución nacional, la izquierda debe apoyar la implementación del segundo, abordando los temas de interés de manera seria y fructífera en lo que tiene que ver con su aplicación y horizonte de posibilidades reales. He aquí otra tarea.
La situación actual, como toda situación crítica, es compleja desde el ámbito social. Hemos llegado a un punto en el que el capitalismo debe salvarse de sí mismo, y aparecen voces dentro del mismo estamento privilegiado, preocupados por un capitalismo salvaje y feroz (como muestra Dudda y Marcelo Torres en sus respectivos artículos). Por la insostenibilidad de la versión actual del capitalismo, indirectamente dichos empresarios saben que de no hacer ciertas concesiones (como una política tributaria progresiva), pueden aparecer monstruos políticos que tampoco les convienen.
En una entrega posterior, continuaremos analizando otras perspectivas, por ahora la invitación es a prepararnos y continuar afinando nuestras posturas ideológicas y nuestro papel en esa realidad inédita y compleja. Temas como la crisis climática y el análisis de la correlación de fuerzas a nivel económico y político en el país hacen parte de las asignaturas y retos pendientes para la izquierda colombiana en los próximos meses.  Cerremos con un fragmento de Dudda para finalizar esta primera parte:
“La crisis del coronavirus tendrá una magnitud menor, pero la reacción y movilización de los Estados que ha provocado la pandemia puede entenderse como la versión de bolsillo de la guerra que libraremos en este siglo contra el cambio climático. Las crisis no son necesariamente aprendizajes, como pronostican muchos hoy, pero sí nos revelan muchas cosas. Nos descubren a los verdaderos líderes, nos enseñan las costuras y los límites del sistema y cuestionan las categorías con que interpretamos el mundo. Las recetas clásicas no sirven, las divisiones ideológicas tradicionales explican menos de lo que pensamos y las fronteras entre lo que es excepcional o convencional, ortodoxo o heterodoxo se difuminan”.




NOTAS:

[1]Marcelo Torres, “¿Alianza con la burguesía nacional? A propósito del empresario Jimmy Meyer y del senador Robledo”, La Bagatela (2020). https://labagatelaptc.blogspot.com/2020/06/alianza-con-la-burguesia-nacional.html
[2]Alejandro Galliano, ¿Por qué el capitalismo puede soñar y nosotros no?, Nueva Sociedad (2020) https://www.nuso.org/articulo/capitalismo-izquierda-trabajo-utopia/
[3]Para profundizar en este punto puede verse mi artículo de hace un par de semanas: Esteban Morales Estrada, “Diagnóstico, problemas y perspectivas. Recomendaciones de la CEPAL para enfrentar la crisis económica actual y venidera, a causa de la pandemia de COVID-19 en América Latina y el Caribe”, Nueva Gaceta (2020).
[4]Para ver una radiografía de la situación en EE. UU como una lucha entre “democracia” y “oligarquía” ver la entrevista realizada a Robert Reich. Nikolaos Gavalakis, “La verdadera división es entre democracia y oligarquía. Entrevista a Robert Reich”, Nueva Sociedad (2020).
[5]Ricardo Dudda, “La Gran Reclusión y el futuro del capitalismo”, Nueva Sociedad (2020) https://www.nuso.org/articulo/la-gran-reclusion-y-el-futuro-del-capitalismo/

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