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Colombia es el hazmerreír de la Comunidad Internacional

César Tovar de León 1:54 p.m. Add Comment
El expresidente Santos hizo un pronunciamiento que las fuerzas democráticas y progresistas compartimos plenamente y que, en estricto sentido, debió haber hecho el gobierno de Duque: “Rechazo inequívocamente la decisión de la administración estadounidense anterior de redesignar a Cuba como estado patrocinador del terrorismo..."
Por Yezid García Abello
Secretario general (e) del PTC

El manejo y el rumbo de la política internacional de Colombia, que han dado el gobierno de Duque y el Centro Democrático, nos mantienen como un país convertido en hazmerreír de la comunidad internacional.

Campaña de Uribe Vélez en la Florida y de Pacho Santos desde la Embajada en Washington a favor de Trump, y en defensa de las posiciones más derechistas de ese orate que habitaba en la Casa Blanca. Tan intenso fue el compromiso político e ideológico de este gobierno con el multimillonario republicano que apenas se posesionó Biden, el embajador gringo en Bogotá tuvo que precisar, en carta pública, el respaldo de Estados Unidos al Acuerdo de Paz, a la JEP y su preocupación por las masacres y el asesinato de líderes sociales.

Hace pocos días, pese a la negativa a reconocerlo, se comprobó la participación del gobierno de Duque en la fracasada Operación Gedeón que, en esencia, tenía el objetivo de invadir a Venezuela desde la Guajira colombiana, deponer al presidente Maduro, secuestrarlo y conducirlo prisionero hasta territorio norteamericano. Las evidencias estaban allí: los mercenarios se entrenaron en Colombia y las lanchas invasoras salieron de territorio colombiano; los contratos que estipulaban las remuneraciones a los jefes de la operación, en nombre de Guaidó, se pactaron en reuniones en Bogotá; y el conocido general venezolano retirado Clever Alcalá, residente en Barranquilla y jefe de la operación, por varios años fue un consentido del uribismo y del Gobierno Nacional.

Pero ya los conspiradores comenzaron a cantar como ruiseñores. La ingeniera venezolana Jacsy Alexandra Álvarez Mirabal, detenida en Barranquilla y trasladada a Bogotá, considerada cerebro de la invasión afirmó, en entrevista para el noticiero de Caracol TV, que todas sus actividades eran conocidas y respaldadas por la Agencia de Inteligencia Nacional de Colombia.

La llamada Agencia Nacional de Inteligencia (ANI) y asesores del presidente Duque se inventaron las fábulas de los “espías rusos” y la “Conspiración de Cuba contra Colombia”, ampliamente publicitadas por la nueva revista del régimen, Semana. En el primer caso, se trataba del “desquite” por la intervención crítica del embajador ruso en la ONU contra la injerencia de Duque en los asuntos internos de Venezuela, y tratar de evitar el natural debate de amplios sectores de la opinión al Gobierno, por no haber negociado a tiempo las vacunas Sputnik V, como sí lo hicieron varios países de América Latina que desde el año anterior iniciaron la vacunación contra el covid-19. Y en el segundo, tratar de justificar ante la Comunidad Internacional, la reclasificación arbitraria del gobierno Trump a Cuba como país “patrocinador del terrorismo”, a pedido infame de Duque y el uribismo. Y ahora, con el beneplácito de la cúpula militar, la revista Semana pretende deslegitimar el muy probable triunfo en las presidenciales del Ecuador del candidato progresista Andrés Arauz, a partir de archivos encontrados a un jefe del ELN, muerto por la fuerza pública en el Chocó. Sobra decir que después de publicitadas las tres tristes historietas nadie del Gobierno ni de los medios volvió a referirse a esos temas.


El más reciente incidente es la violenta respuesta de la jauría uribista al pedido hecho al presidente Biden por varios líderes mundiales, entre ellos el expresidente Santos, a través del grupo The Elders, de que se reconsiderara la arbitraria medida de Trump de incluir a Cuba como país patrocinador del terrorismo. El senador Carlos Felipe Mejía, María Fernanda Cabal, Juan Carlos Pinzón y las más representativas voces del Centro Democrático acusaron a Santos de ser “agente de grupos terroristas” y “traidor” a Colombia por pedir normalización de las relaciones Estados Unidos-Cuba.

El expresidente Santos hizo un pronunciamiento que las fuerzas democráticas y progresistas compartimos plenamente y que, en estricto sentido, debió haber hecho el gobierno de Duque: “Rechazo inequívocamente la decisión de la administración estadounidense anterior de redesignar a Cuba como estado patrocinador del terrorismo. El presidente Biden debería comenzar de inmediato el proceso de revisión para revocar esto. Cuba debe ser aplaudida por la función crucial que desempeñó para ayudar a poner fin a décadas de conflicto y facilitar la reconciliación en Colombia, y no enfrentar sanciones por haberlo hecho. Los países que facilitan los procesos de paz merecen nuestro agradecimiento y reconocimiento”, dijo.

Como señaló recientemente Vladdo en su columna de El Tiempo, el problema con Duque no es sólo haberlo llevado a la presidencia, es el nefasto precedente que se sentó.

Bogotá D.C., 4 de febrero de 2021.

Los Estados Unidos que recibe Joe Biden

César Tovar de León 11:39 a.m. 1 Comment

 

La llegada de Biden a la presidencia bien podría ser un dique en la erosión que está padeciendo el imperio. De una parte cuenta con el suficiente espacio político para retomar varios aspectos del keynesianismo lo cual se traduciría en una especie de blindaje a favor de las empresas de su país. Ello no significará importante mejoramiento en el número y calidad de empleo pues el apoyo deberá dirigirse a aumentar la automatización y la inteligencia artificial. En el mismo sentido las ayudas obtenidas para enfrentar el covid-19 son un aliciente al aparato productivo.
Por Pascual Amézquita
PhD en economía. Docente universitario

El historiador Paul Kennedy publicó en 1989 una monumental obra, Auge y caída de los imperios, en la que identifica los puntos comunes en el ocaso de los más importantes imperios en la historia. Advirtiendo que el libro peca de economicismo, es decir, achaca lo fundamental del declive a los líos económicos sin tener en cuenta consideraciones de gran peso como las políticas y sociales, sirve bien para una mirada a lo que le está pasando hoy a Estados Unidos.

No hay duda de que frente a la competencia con China en varios aspectos, Estados Unidos está empezando a quedar rezagado. Así, por ejemplo, los grandes avances tecnológicos de manera creciente tienen como punto de origen al país asiático que está consolidando un sistema de ciencia y tecnología y un aparato educativo bastante sofisticados que compite con el de Estados Unidos. Además, los avances en el desarrollo de la infraestructura son evidentes, frente a la vetusta dotación gringa. Finalmente, el despliegue geopolítico de la potencia asiática es más agresivo dirigido a configurar una fuerte zona comercial con sus vecinos asiáticos.

Estos asuntos han permitido que China haya empezado a destacarse en el escenario mundial y que se prevea que se constituirá en la próxima potencia. Pero si se mira el asunto de manera más general se verá que a China aún le falta un largo trecho por recorrer para alcanzar a Estados Unidos. Por ejemplo, la productividad de los trabajadores chinos es mucho más baja en general que la de Estados Unidos, pudiendo ocurrir sí que en algunas ciudades como Shenzhen se goce de mejores niveles frente a su competidor pero eso está lejos de ser lo predominante. El resultado es que al ritmo actual de crecimiento del PIB ‒siendo bastante alto en China‒ igualará al PIB total de Estados Unidos hacia mediados del siglo, pero el asunto podría tardar más si se tiene en cuenta que las economías maduras tienden a crecer más lentamente, desaceleración relativa que ya se empezó a percibir en China a lo largo de la década pasada.

Otro asunto para tener en cuenta es el llamado exorbitante privilegio de la emisión que se traduce en que el dólar es de lejos la moneda de cambio en el planeta y que dada la estructura económica de China su moneda tardará varios lustros en desplazar al dólar.

Un factor determinante en la lucha de los imperios es el militar y en este campo también China tiene mucho trecho por recorrer dada la gran ventaja que tiene Estados Unidos en cuanto a armamento nuclear, tamaño de la flota naval, dotación de submarinos, despliegue de su fuerza aérea, cantidad de bases regadas por el mundo y al gran desarrollo tecnológico del sector. En lo único en lo que China descolla es en el número de efectivos con que cuenta cada ejército.

Pero, advertidos sobre los riesgos el economicismo, es necesario mirar lo que está ocurriendo en el campo social. La generación más joven de Estados Unidos vinculada al trabajo observa con desencanto que su situación es peor que la de sus padres pues, por ejemplo, ya no tienen casa propia (gráfica 1) y sí una deuda muy pesada debida al costo de la educación. De igual manera el sistema de salud que favoreció a la generación anterior ‒que se obtuvo gracias a la lucha sindical‒, también es apenas un recuerdo. Pero quizá lo más preocupante en el ideario gringo es el hecho de que los blancos ya empiezan a ser una minoría frente a la población hispana, negra y asiática.

En la historia de los países y de las revoluciones pareciera ser mayor detonante de las turbulencias sociales el hecho de perder algo que ya se tiene que el hecho de no alcanzar algo que no se tiene, y ese es el escenario en Estados Unidos. Los seguidores del expresidente Trump, como lo puso de presente el asalto del 6 de enero, son un grupo de jóvenes, hombres, en su gran mayoría blancos, que son víctimas de esta cambiante situación. Como subraya el notable escritor Gay Talese, Trump refleja al gringo promedio, más que ningún otro personaje político nacional. Asimismo la mayor cantidad de votantes de Trump provenían de los pueblos más pequeños del país y de las áreas rurales (ver gráfica 2) los más duramente golpeados por la situación económica.

Debe anotarse incidentalmente que en China la situación social tampoco es la mejor: los procesos de modernización de los países siempre han estado acompañados de turbulencia social y lo que se vio el año 2019 en Hong Kong más los movimientos en la región occidental de China son expresiones de esa creciente inconformidad.

La llegada de Biden a la presidencia bien podría ser un dique en la erosión que está padeciendo el imperio. De una parte cuenta con el suficiente espacio político para retomar varios aspectos del keynesianismo lo cual se traduciría en una especie de blindaje a favor de las empresas de su país. Ello no significará importante mejoramiento en el número y calidad de empleo pues el apoyo deberá dirigirse a aumentar la automatización y la inteligencia artificial. En el mismo sentido las ayudas obtenidas para enfrentar el covid-19 son un aliciente al aparato productivo. En el campo social las órdenes ejecutivas que ha expedido para extender el servicio de salud a los sectores más pobres y excluidos de la seguridad social, será una forma de enfrentar la creciente inconformidad. También lo son el anuncio del alza salarial y de la rebaja de la deuda originada en préstamos educativos.

Estas y otras medidas implican un astronómico aumento del gasto y del endeudamiento público (gráfica 3), el cual deberá absorberse a través del alza de impuestos ‒que se ha calculado hasta en un 50% respecto a las tasas actuales‒ pero la resistencia de los millonarios no se hará esperar, de manera que Biden deberá recurrir al exorbitante privilegio de la emisión, transmitiéndole el costo de la recuperación a los tenedores de dólares en todo el planeta. En esa jugada quedan incluidos los chinos que por el momento no podrían rebelarse dada la gran inversión que tienen en bonos del Tesoro estadounidense y que en caso de confrontarlo se traduciría en pérdida de sus inversiones.

Por último, otra de las soluciones a mano es incrementar las exportaciones de Estados Unidos a sus cotos de caza ‒en particular a América Latina‒ como ya se hizo cuando impuso para la región el Consenso de Washington que le permitió recuperarse de los costos de la confrontación de la guerra contra el socialimperialismo soviético.

Gráfica 1. Porcentaje de jóvenes (18 a 29 años) que viven con uno de sus padres.


Gráfica 2. Sondeo de distribución del voto por partidos, un mes antes de elecciones.


Gráfica 3. Deuda pública del gobierno estadounidense como porcentaje del PIB.

Yo lo “querí” míster Trump

César Tovar de León 11:38 a.m. Add Comment


La derrota de Trump es un duro revés para el gobierno de Duque y se convierte en una nueva e inesperada dificultad para su gestión y para el proyecto político de Uribe. El gobierno colombiano se ufanaba de ser su aliado más confiable de América Latina, venía trabajando estrechamente con él en varios campos, y se jugó todas las cartas por su continuidad. Asuntos centrales de su agenda estaban determinados por un gobierno que el electorado norteamericano rechazó y que el mundo no soportó.

Por Alberto Herrera
Director de La Bagatela

La derrota de Trump es un duro revés para el gobierno de Duque y se convierte en una nueva e inesperada dificultad para su gestión y para el proyecto político de Uribe. El gobierno colombiano se ufanaba de ser su aliado más confiable de América Latina, venía trabajando estrechamente con él en varios campos, y se jugó todas las cartas por su continuidad. Asuntos centrales de su agenda estaban determinados por un gobierno que el electorado norteamericano rechazó y que el mundo no soportó.

La ofensiva de Trump por desestabilizar el gobierno de Venezuela tuvo el activo y permanente apoyo del gobierno colombiano, acción que no se concretó por la decidida defensa de la autodeterminación de las naciones adelantada por sendos países del continente y por el rechazo a cualquier acción militar. Los sectores democráticos en Colombia jugaron su papel oponiéndose a que el territorio de nuestro país se convirtiera en cabeza de playa para la acción de las tropas gringas. En repetidas ocasiones tanto Duque como Holmes siendo Canciller o ministro de Defensa anunciaron que las horas del “tirano” estaban contadas. Este intento incluyó, además de un intenso despliegue mediático, una nueva ofensiva contra el narcotráfico, que siempre ha sido un pretexto gringo para intervenir en los asuntos internos de Colombia, pero en esta ocasión se acusó a Maduro y a sus colaboradores como los mayores responsables del narcotráfico en el continente. La operación Orión es una acción militar naval, aérea y terrestre sin precedentes llevada a cabo en el Caribe y en países adyacentes, Colombia incluida claro está. No se conoce la política de Biden hacia Venezuela, pero la alharaca de Duque lo deja mal parado ante el mundo.

Para el gobierno de Trump el respaldo al proceso de paz más que una decisión puede verse como un asunto que venía de la administración Obama. Las declaraciones del embajador gringo, Philip Goldberg en entrevista a El Tiempo del 24-01 21 dejan entrever un trato más vigilante al acuerdo: “Hay grandes desafíos y queremos valorar cuál sería nuestra mejor contribución para avanzar más en la implementación”, y añadió: “Este problema de masacres y ataques contra ciertos grupos y líderes es algo que necesita mucha más atención”, “estamos urgiendo, instando al gobierno colombiano a hacer más porque no está funcionando si hay masacres”. Cabe recordar que el gobierno de Obama se negó a firmar el TLC durante el gobierno de Uribe por la cadena de asesinatos contra líderes sindicales. La importancia del acuerdo de paz va más allá de las fronteras nacionales y hay una firme voluntad de no dejar esfumar ese logro.

A pesar de negar cualquier participación en el debate electoral, existe la posibilidad que el Congreso de Estados Unidos investigue a Colombia por su intento de influir en las elecciones que tuvieron a Joe Biden y Donald Trump como protagonistas, así lo anunció en diálogo con CNN, Michele Manatt, estratega del partido Demócrata, quien añadió que Colombia había tenido un papel protagónico en ese intento de influencia. Aunque no especificó quien participó en la campaña de desinformación a favor de Trump, los mensajes colombianos sonaron con fuerza en La Florida. El embajador de Estados Unidos en Colombia, Philip Goldberg en twit del 26 de octubre ya había hecho la advertencia: “Insto a todos los políticos colombianos a evitar involucrarse en las elecciones estadounidenses”. Es claro que la senadora María Fernanda Cabal y el representante Juan David Vélez apoyaron repetidas veces la campaña de Trump. El embajador Santos fue denunciado por Iván Cepeda por influir a favor de Trump, y el senador Roy Barreras cuestionó al mindefensa Carlos Holmes por tener reuniones secretas en Miami con Ivanka Trump en época de campaña. Hoy después de la derrota del candidato republicano, Duque niega toda participación en la campaña, lo cierto es que las evidencias ponen en aprietos al gobierno colombiano, lo dejan mal parado.

La propuesta de Trump que lo llevó a la presidencia en 2016 partió de instalar un proteccionismo enmarañado en los EE. UU., de defender las tradiciones originadas desde el inicio de la nación, de privilegiar la supremacía blanca, de imponer el pensamiento conservador y regresivo, terminó enfrentado a los sectores democráticos de avanzada y hasta creando una inestabilidad institucional. Imponer este modelo que no aceptaba reparo requirió de un mandato arbitrario y autoritario. Innumerables ejemplos de su arrogancia y desafueros contra la población se pueden listar, hasta culminar con la toma del Capitolio. Su proceder fue modelo para un mundo inclinado a la derecha y atrajo a estamentos y gobiernos retardatarios, proclives a prácticas excluyentes y antidemocráticas. El mandato de Trump fue como anillo al dedo para Duque y su derrota significó la pérdida del apoyo clave y definitivo para adelantar su proyecto fascista de gobierno, que está a mitad de camino, así haya quienes señalen que la elección de Biden significa lo mismo que su antecesor.

Cuba: el último garrotazo del embaucador

César Tovar de León 7:52 a.m. Add Comment
Pero Duque siguió trabajando en contra de Cuba. Se ha mostrado incapaz de frenar el exterminio de los líderes sociales, pero ha develado supuestos escándalos de espionaje. Sin ninguna evidencia, desde hace un tiempo ha querido hacer ver a su embajador como conspirador dedicado a imponer gobernantes de izquierda radical en toda América Latina. Una acusación que recoge en reciente edición la revista Semana, hoy vocera de la extrema derecha.
Por Consuelo Ahumada
Profesora Universidad Externado de Colombia. Miembro de número de la ACCE. Integrante del Colectivo de mujeres MALU 

El pasado 11 de enero, en medio de la conmoción causada por la toma del Capitolio y a pocos días de salir de la Casa Blanca por la puerta de atrás, el ahora expresidente decidió incluir de nuevo a Cuba en la lista de países que patrocinan el terrorismo.

Aunque la decisión provocó rechazo en el mundo entero, pasó prácticamente inadvertida debido al escándalo y la incertidumbre reinantes. Como en tantas otras aventuras de su política exterior y en sus diversas agresiones a la región, en esta ocasión también Trump contó con el apoyo obsecuente y entusiasta de Iván Duque.

La mencionada lista fue concebida en diciembre de 1979 por el Departamento de Estado, en plena Guerra Fría, con base en la sección 40 de la Ley de exportación de armas. De manera arbitraria y polémica, le permite a Washington sancionar y amenazar a países soberanos, conforme a sus propios intereses y políticas imperiales. En 1982 el gobierno de Reagan incluyó a Cuba en esa lista. Las sanciones son diversas: prohibición de venta de armas, restricciones económicas y financieras, bloqueo de créditos en el Banco Mundial y otras entidades.

En desarrollo de su agenda de extrema derecha y de su política exterior agresiva, Trump decidió darle marcha atrás al proceso de restablecimiento de las relaciones diplomáticas y comerciales con Cuba, iniciado por Barack Obama con la mediación del Papa Francisco. Punto culminante de este proceso fue el histórico encuentro del expresidente con Raúl Castro en La Habana el 21 de marzo de 2016, después de que Cuba saliera de la lista en cuestión. Pero todo eso quedó en el pasado.

El canciller cubano Bruno Rodríguez analizó las implicaciones de la política de Trump y se refirió a la aplicación de 240 medidas coercitivas unilaterales, tendientes a revertir las políticas de su antecesor. Impuso nuevas y fuertes restricciones para intercambios turísticos y cruceros, ingreso de aviones privados y vuelos chárter, y limitó el envío de remesas. “Al proponerse deshacer el legado Obama-Biden en política exterior, arremetió contra Cuba con particular ensañamiento y con el respaldo de una feroz campaña de difamación", señaló[1].

Así, la estocada final contra Cuba se fue preparando durante el último año. Hace unos meses, Washington la había incluido en la lista de los países que no hacen nada frente al tráfico de personas. A esto se sumó la inclusión de 231 empresas cubanas, la mayor parte de ellas del sector turístico, su principal motor económico, en las "listas negras" elaboradas por el Departamento de Estado.

Asimismo, desató una persecución financiera destinada a privar de ingresos y nuevas líneas de crédito a Cuba, que incluyó millonarias multas a bancos extranjeros que hicieran operaciones con el país y a reducir la capacidad de adquisición e importación de productos esenciales. Se esforzó por boicotear e impedir la entrada de combustibles y amenazó con severas multas a navieras, aseguradoras y buques que participaran en el abastecimiento de petróleo.

El bloqueo, las sanciones y amenazas, incluso a terceros países, se hicieron más fuertes y dolorosas en medio de la crisis sanitaria, mientras Cuba cumplía un papel ejemplar con el despliegue de misiones médicas a más de 70 países del mundo entero, muchos de ellos con condiciones precarias para atender la pandemia.

Sin embargo, para vergüenza de Colombia, fue el gobierno de Duque el que le proporcionó a Trump el pretexto para incluirlo en la tenebrosa lista de países que respaldan el terrorismo. El 13 de mayo pasado Washington informó su inclusión en su lista de países que no cooperaron en la lucha contra ese flagelo durante 2019. El motivo que adujo fue no haber atendido la solicitud por parte del gobierno colombiano para que extraditara a los dirigentes del ELN que integraron la delegación de paz, con motivo del repudiable atentado de este grupo en la Escuela de Cadetes de Bogotá a comienzos de ese mismo año.

Con esta medida, desconoció los protocolos suscritos el 5 de abril de 2016 por el Estado colombiano, la guerrilla y los países garantes, Cuba y Noruega, para el caso de que se diera una ruptura de la negociación. 



En otro acto bochornoso e indigno, de los tantos que han marcado su política exterior, el gobierno de Duque celebró a viva voz el “espaldarazo” recibido de la Casa Blanca. Cinismo e ingratitud a toda prueba. Se cierra así cualquier posibilidad de salida negociada al conflicto armado con el ELN y se pone en peligro todavía más el golpeado acuerdo con las FARC. Precisamente lo que busca el uribismo.

Señala Humberto de La Calle, negociador del Gobierno Nacional en el proceso con las FARC que se adelantó en La Habana: “Los protocolos suscritos para los miembros del ELN obedecen a una práctica milenaria sin la cual se harían imposibles las conversaciones entre antagonistas armados”, y más adelante: “Es inaudito que se acuse a Cuba por honrar la palabra empeñada con el gobierno de Colombia. La afirmación de que fue suscrito ´con otro gobierno´ carece de toda validez internacional”[2].

Como Cuba se mantuvo firme en su posición de respetar sus compromisos como país garante, tal y como le correspondía, Colombia emprendió su revancha: por primera vez en la historia, se abstuvo en la Asamblea de la ONU del 2020 en la votación anual que se hace para condenar el bloqueo de EE.UU. contra la Isla. Además, puso a su diplomacia a hacer lobby para que incluyeran a Cuba en la lista de las naciones que patrocinan el terrorismo. Hasta que finalmente lo logró.

Importante tener en cuenta que la diplomacia a la que nos referimos es la ejercida por personajes como “Pacho” Santos, en la Embajada, y Alejandro Ordoñez, desde la OEA. Los mismos que junto con sus aliados de la extrema derecha republicana, pusieron al gobierno colombiano al servicio de la campaña electoral de Trump, causándole serios problemas a las maltrechas relaciones internacionales del país.

Pero Duque siguió trabajando en contra de Cuba. Se ha mostrado incapaz de frenar el exterminio de los líderes sociales, pero ha develado supuestos escándalos de espionaje. Sin ninguna evidencia, desde hace un tiempo ha querido hacer ver a su embajador como conspirador dedicado a imponer gobernantes de izquierda radical en toda América Latina. Una acusación que recoge en reciente edición la revista Semana, hoy vocera de la extrema derecha.

En medio de dificultades económicas y de la pandemia, la situación para Cuba no es fácil. Es cierto que hay presión por parte de algunos congresistas y de sectores de la producción y el comercio en Estados Unidos para que las relaciones con Cuba retomen su curso.

Pero también sucede que, sumido en una enorme crisis, el gobierno de Biden tiene otras prioridades y existen presiones en contra para revertir la medida contra Cuba. Además, la reversión de la medida tiene que pasar por todos los organismos de inteligencia, comercio, tesoro, defensa, lo que puede tardar varios meses. Según expertos, esta decisión tan nefasta está dirigida a entorpecer un eventual acercamiento a la Isla por parte de Biden, tal como lo prometió en su campaña.

Por último, sin desconocer ni minimizar la naturaleza imperialista de los dos partidos, es deseable que el nuevo mandatario retome la senda de Obama en las relaciones con Cuba y en cuanto al apoyo a la paz en Colombia. La defensa de unas relaciones internacionales de respeto entre los países le conviene a la región y al mundo en su lucha contra los avances del fascismo.

Notas


[1] Telesur, Jugada Crítica, enero 19, 2021.
[2] Humberto de La Calle, “Cuba ha apoyado la paz”, El Espectador, domingo 17 de mayo, 2020, p.44. Bogotá DC.

La inexcusable transgresión de Julián Assange

César Tovar de León 5:10 a.m. Add Comment


Hoy 9 de febrero se conmemora como todos los años el día del periodista en Colombia. La fecha surgió como homenaje a la publicación del primer periódico en la capital, en esa fecha en 1791, denominado Papel periódico de Santafé de Bogotá. Fue obra del cubano Manuel del Socorro Rodríguez y allí escribieron algunos de nuestros próceres más importantes, como Nariño y Caldas.

La fecha tiene un sentido libertario. LB quiere rendir un homenaje a todos los periodistas que arriesgan su vida en contra de los gobiernos dictatoriales y excluyentes, en Colombia y en todo el mundo. Hoy en día el símbolo de la libertad de prensa es precisamente el periodista Julián Assange. Reproducimos el artículo publicado el pasado 6 de enero sobre el tema.


Por Consuelo Ahumada
Profesora Universidad Externado de Colombia. Miembro de número de la ACCE. Integrante del Colectivo de mujeres MALÚ.

La no aprobación de la extradición a Estados Unidos del australiano Julián Assange por parte del Tribunal Penal Central de Londres el pasado 4 de enero fue un triunfo de la libertad de prensa y de la defensa de los derechos fundamentales en el mundo entero. Un hecho trascendental en una época en que estos se arrasan sin medida ni contemplación, en medio del manejo mediático y la legitimación de las prácticas fascistas.

La jueza Vanesa Baraitser, quien tomó la decisión, no aceptó los argumentos de los abogados en cuanto a que el periodista estaba siendo perseguido y procesado por su actividad profesional y por motivaciones políticas. Pero señaló que su dictamen se basaba en las condiciones inhumanas que este afrontaría en su lugar de destino, y en su deteriorada salud mental y el riesgo que corría de suicidarse.

Sin embargo, el caso no está todavía ganado, como afirmó la jueza ayer cuando negó la solicitud de libertad condicional para Assange. Argumentó que este podría escapar después de que AMLO le ofreciera gestionar su asilo en México. Por fortuna, el proceso de apelación anunciado por Estados Unidos, de llegar a concretarse, podría tardar años.

A pesar de la gran difusión que ha tenido el caso, sus motivaciones reales e implicaciones son poco conocidas. Como tantos otros, ha estado signado por desinformación y mentiras. Se remonta a 2006, cuando el australiano fundó WikiLeaks, y años después publicó más de diez millones de documentos clasificados de Washington, que el mundo conoció semana tras semana en algunos de sus principales diarios como The Guardian, The New York Times, Le Monde y Der Spiegel, entre otros.

Se registraron allí múltiples y diversas denuncias de interés público, en especial los crímenes perpetrados por el ejército estadounidense y sus aliados. Casos de corrupción, torturas y abusos en varios países. Recordemos las condiciones tenebrosas de los prisioneros de Guantánamo o los tratos crueles, inhumanos y degradantes en la prisión iraquí de Abu Ghraib, tan bien recreados por Fernando Botero.

Señala Nils Muižnieks, director de Amnistía Internacional para Europa, que la publicación de esta información es “piedra angular de la libertad de prensa” y del derecho de la ciudadanía a la información sobre las actuaciones indebidas de los gobiernos. Por ser información de interés público, está protegida por el derecho internacional de los derechos humanos[1].

La persecución al fundador de WikiLeaks no se hizo esperar. En 2010, el magnate y hoy presidente saliente Donald Trump pidió que fuera ejecutado. En 2012 se refugió en la embajada de Ecuador en Londres, después de que el gobierno de Rafael Correa le concediera asilo político. A instancias de Washington, la Fiscalía de Suecia lo había acusado por supuestos delitos sexuales, un montaje que finalmente se derrumbó.

Assange permaneció en la embajada de Ecuador durante casi siete años, hasta abril de 2019, cuando Lenin Moreno le retiró el asilo, contraviniendo la Constitución de su país y cediendo al chantaje estadounidense. Su gobierno se prestó además para una pantomima mediática en torno a supuestas conductas irregulares del asilado en la Embajada y autorizó el ingreso de la policía británica a su sede para detenerlo.

Assange fue entonces encerrado en la prisión de alta seguridad de Belmarsh, denominada el “Guantánamo británico” por Nils Melzer, Relator especial de la ONU sobre Tortura.Señaló que allí ha estado en condiciones de aislamiento más propias de un gran terrorista que de un periodista en prisión preventiva. Sus derechos a la defensa han sido violados sistemáticamente, en una actitud vergonzosa de la justicia de Londres en complicidad con Washington, en contra de la libertad de prensa. Claramente, se trata de un intento de criminalizar el periodismo de investigación, concluyó[2].

Llama la atención también que Assange no es ciudadano de Estados Unidos ni tenía ninguna obligación ni vínculo laboral con su gobierno. Él mismo no desarrolló labores de espionaje ni sustrajo la información, que provino fundamentalmente del analista estadounidense que trabajaba en Irak, entonces Bradley Manning, hoy Chelsea Manning, quien pagó su valentía con cárcel en su país. En 2017 fue indultada por el gobierno de Obama pero regresó a prisión después de negarse a denunciar sus fuentes. Hoy está de nuevo en libertad condicional.

Según los expertos, de ser extraditado, el australiano podría ser condenado a 175 años de prisión. Es claro que en Estados Unidos no tendría un juicio justo, con mínimas garantías de defensa. Se le acusaría con base en pruebas clasificadas, sin acceso para su defensa y ante un jurado no imparcial. De hecho, el tribunal sobre espionaje de Alexandria, Virginia, nunca ha absuelto a un acusado.

Además del respaldo de las organizaciones internacionales de derechos humanos, la movilización internacional en torno al caso de Assange ha sido notoria. El 2 de octubre pasado, por iniciativa de la Internacional Progresista, se conformó el llamado Tribunal Belmarsh, que viene intensificando su trabajo por la libertad incondicional del periodista.

A él pertenecen figuras del mundo entero, dirigentes políticos, sociales sindicales y artistas como Bernie Sanders, Yanis Varoufakis, Lula, Rafael Correa, Alicia Castro, Jeremy Corbin, Zizek, Tariq Ali, Roger Waters, Pamela Anderson y Jennifer Robinson, abogada de Assange, entre otros.

Claramente, es mucho lo que está en juego. El proceso en curso es una muestra expresa de cómo se pretende castigar a quien denuncia un crimen y no a quien lo perpetra. “Cuando decir la verdad se haya convertido en un delito, mientras los poderosos gozan de impunidad, será demasiado tarde para corregir el rumbo. Habremos rendido nuestra voz a la censura y nuestro destino a la tiranía incontrolada”, señala Melzer[3].
[3] Desenmascarando la tortura de Julián Assange, en https://blogs.publico.es/dominiopublico/35831/desenmascarando-la-tortura-de-julian-assange,enero 4, 2021,.

Chile: La voz rotunda de un pueblo constituyente

César Tovar de León 7:58 a.m. Add Comment

 


Todo lo anterior –qué duda cabe- supone un proceso constituyente activo y que contemple la más amplia participación. Desde el trabajo con las organizaciones sociales de San Miguel (mi tierra natal, comuna de Santiago) “de Octubre a Octubre”, fui testigo del anhelo por un nuevo Chile. Para lograrlo la gente entiende la necesidad de la unidad. Pero no una unidad “politiquera”, acordada en una “cocina”, sino una de carácter ciudadano, donde los liderazgos surjan desde los mismos territorios y deliberen con ellos lo fundamental de la nueva Constitución. Esto reclama de la política institucional humildad por encima de todo, comprensión de que el momento constitucional se trata más de escuchar a la gente que a sí mismos. No tengo dudas que Revolución Democrática y el Frente Amplio estarán a la altura de este desafío, pues surgimos de los movimientos sociales para convertir las mayorías sociales en mayorías políticas. 

Por Andrés Dibán Dinamarca
Dirigente de Revolución Democrática y candidato a alcalde comuna de San Miguel

Es difícil no exagerar la trascendencia de lo vivido el domingo 25 de octubre. La expresión del pueblo, titular del poder político en democracia, tuvo una contundencia inédita en nuestra historia. Lejos de estar “poco interesado” en la política, la ciudadanía dijo presente en una elección decisiva para su futuro: así lo expresa el alza en la participación en pleno período de pandemia (51%, superior a 2017). Esta presencia fue especialmente significativa en las comunas populares del Gran Santiago, la mayoría de las cuales registraron alzas superiores a los 5 puntos. Es meritorio haber consignado estos resultados en un contexto marcado tanto por la pandemia como por lo predecible de los resultados, pues los pronósticos anticipaban fuertes mayorías para las opciones Apruebo y Convención Constitucional.

Tan resonante como la participación son los porcentajes de las opciones ganadoras, nunca antes vistas a la fecha. El 78,27% de las y los chilenos (residentes dentro de la frontera y en el extranjero) votamos por el apruebo. Asimismo, un 78,99% desea que el órgano redactor de la nueva carta magna, sea elegido plenamente por el pueblo movilizado, toda vez que las ansias de transformación y de renovación se plasman por medio de esta alternativa. El mensaje es claro: las y los compatriotas saben bien lo que quieren y no deberían ser infantilizadas/os en la voz pública. Esos anhelos parten por una nueva distribución del poder, esto es, incidencia en la elaboración de las reformas que el país necesita. Y no solo en la venidera Convención Constitucional, sino también en la elaboración misma de las políticas públicas que marcarán el próximo período republicano. Las necesidades que se acumulan en la vida cotidiana requerirán el concurso de los y las afectadas: en pensiones, salud, educación, construcción de la ciudad, forma de democracia y un largo etc.

Por mucho tiempo se habló de un país dividido, partido en dos; fragmentado y polarizado por la revuelta social y el despertar de 2019. Pero eso no es así. Sólo un 20% continúa en la lógica de mantener granjerías y privilegios, así como de hacer oídos sordos a lo que la abrumadora mayoría reclama. Y esto se refleja en regiones como la Metropolitana de Santiago, donde son las comunas más vulneradas las que claman por un cambio de giro (Lo Espejo, 88,65% por el apruebo), mientras las más acomodadas y favorecidas por el desigual modelo neoliberal pretenden aferrarse al legado de la dictadura (Vitacura, 66,95% por el rechazo). Hasta aquí hemos dicho “no son 30 pesos, sino 30 años” (1); pues bien, luego de esta jornada histórica el dicho cambia: “no son 30 pesos, son 3 comunas” (2) (en referencia a Vitacura, Las Condes y Lo Barnechea, únicas tres de un total de 52 a nivel regional, que votaron por mantener la actual carta magna).

Todo lo anterior –qué duda cabe- supone un proceso constituyente activo y que contemple la más amplia participación. Desde el trabajo con las organizaciones sociales de San Miguel (mi tierra natal, comuna de Santiago) “de Octubre a Octubre”, fui testigo del anhelo por un nuevo Chile. Para lograrlo la gente entiende la necesidad de la unidad. Pero no una unidad “politiquera”, acordada en una “cocina”, sino una de carácter ciudadano, donde los liderazgos surjan desde los mismos territorios y deliberen con ellos lo fundamental de la nueva Constitución. Esto reclama de la política institucional humildad por encima de todo, comprensión de que el momento constitucional se trata más de escuchar a la gente que a sí mismos. No tengo dudas que Revolución Democrática y el Frente Amplio estarán a la altura de este desafío, pues surgimos de los movimientos sociales para convertir las mayorías sociales en mayorías políticas.

No hay momento más importante para mostrar esto que en las elecciones de abril 2021. Nos jugaremos, al mismo tiempo, la elección de los representantes del poder constituyente del pueblo, de la descentralización (Gobiernos regionales), y de quienes deben asumir el desafío de reconstruir el espacio vecinal (Gobiernos locales). Siendo distintas, todas estas elecciones se vinculan entre sí. El desafío de un Gobierno comunal en un momento constituyente es representar la reconstrucción de la comunidad política en lo local, porque es la participación y deliberación ciudadana lo que permitirá impulsar decisivamente esa Constitución plenamente democrática que el pueblo chileno se ha ganado.

El estruendo de la Revolución Democrática de los dos Octubres aún resuena en nuestros corazones. Es hora de escribir su mensaje en la hoja, hoy en blanco, de la nueva democracia.

27 de octubre de 2020.

Notas

(1) https://kaosenlared.net/chile-no-son-30-pesos-son-30-anos/

(2) https://lavozdelosquesobran.cl/no-fueron-30-fueron-tres-comunas-las-burbujas-del-rechazo/